Cuando la obsesión juega en tu contra: el riesgo de las dietas extremas para niñas
La fatiga constante, los mareos, una notable pérdida de masa muscular y una alarmante caída del cabello son solo los primeros síntomas. El verdadero peligro de las dietas de choque que circulan por internet se manifiesta en problemas de una envergadura mucho mayor, como la interrupción del ciclo menstrual. Esta amenorrea, provocada por una desnutrición severa en plena adolescencia, puede acarrear desajustes hormonales y óseos con secuelas de por vida.
Por si fuera poco, el impacto psicológico es igual de devastador. La obsesión por el peso y la distorsión de la imagen corporal que promueven estos retos virales son el caldo de cultivo perfecto para patologías graves. Lejos de ser un juego, pueden actuar como un detonante para la anorexia o la bulimia, reforzando la asfixiante presión estética que ya soportan las más jóvenes y poniendo en jaque su bienestar.
De hecho, el origen de este cóctel de riesgos tiene nombre propio: la «dieta de las princesas». Se trata de una nueva y peligrosa moda, viralizada en plataformas como TikTok, que promete pérdidas de peso drásticas —hasta diez kilos en dos semanas— a través de una restricción calórica extrema. Las pautas, que rara vez superan las 600 kilocalorías diarias, se inspiran en los estereotipos negativos sobre el físico que a menudo proyecta el propio cine infantil.
El engaño de un cuento de hadas viral
En la práctica, el método no es más que un catálogo de conductas de riesgo camufladas bajo una apariencia inofensiva. Las pautas animan a las jóvenes a imitar a personajes de Disney de la forma más perjudicial posible. Se propone seguir el ejemplo de Blancanieves, alimentándose exclusivamente de manzanas, o el de Ariel, que directamente promueve el ayuno completo bebiendo solo agua. El despropósito llega a su punto álgido con la Bella Durmiente, cuyo modelo sugiere usar el sueño como estrategia para evitar las comidas y eludir la sensación de hambre.
En el fondo, este fenómeno no es más que el reflejo de un problema cultural más profundo. Un estudio que analizó más de una treintena de películas de animación desveló que más del 84 % de ellas contenían representaciones peyorativas de la gordura. Personajes con mayor peso corporal, como es el caso de la villana Úrsula en «La Sirenita», se asocian sistemáticamente con la maldad o con rasgos negativos, reforzando una peligrosa vinculación entre la complexión física y la catadura moral.
