Marcela Ramírez: Hermanos rivales, gestión del propósito compartido en la familia empresaria
Los hermanos, Ernesto y Paulo, están jugando fútbol en equipos diferentes. Cuando Paulo va a pegarle al balón, observa al jugador del otro equipo e indica a sus compañeros por dónde va a llevar el juego con una rotación muy sutil. Paulo busca concentrar al equipo en el medio campo.
Ernesto reflexiona, para sí mismo ‘riesgos medidos’ y comenta: “me gusta jugar con mi hermano porque aprendo sus estrategias con su manera de jugar.
En la carrera por la sucesión del director general, jugando fútbol aprendo como Paulo competirá conmigo en proyectos empresariales.”
La rivalidad entre hermanos se origina en la búsqueda del amor y la atención de los padres, así como al afrontar injusticias e inseguridades al crecer. La proximidad de edades puede incluso aumentar la competencia entre hermanos.
De niños, los hermanos discuten sobre sus pertenencias y el afecto de sus padres. De jóvenes esa rivalidad continua, aunque disminuye, pero al llegar a la edad adulta una rivalidad no atendida puede ser desastrosa para el tejido social de la familia empresaria.
La rivalidad se puede presentar en posiciones de liderazgo, en la construcción de visiones para el sistema familia-empresa, e incluso en la selección de proyectos de inversión. La rivalidad entre hermanos puede detener, alentar y hasta afectar la sucesión mejor preparada.
Por ende, aunque el hecho de tener hermanos rivales sea parte de la vida, es transcendental aprender a gestionar y redirigir la rivalidad hacia la construcción de un propósito compartido.
En la gestión y redirección de la rivalidad entre hermanos, cinco prácticas ayudan a desarrollar habilidades sociales para construir propósito y éxitos compartidos:
- Sustituye la percepción de escasez por una de abundancia. Una hermana recordó la actitud de su madre al sólo tener un pedazo de carne para todos cuando eran niños – 7 hermanos –. Su madre nunca habló de carencias, al contrario, convertía el pedazo de carne en siete pedazos, mostrando con acciones la orientación a la abundancia. La exposición a esa práctica, 20 años después, llevo a los hermanos a dividir la propiedad del nuevo grupo en partes iguales, protegiendo incluso la propiedad del hermano ausente enfrentando problemas de salud.
- Fomenta la curiosidad conversacional en momentos incómodos durante la situación de rivalidad. Es importante atender el momento de la rivalidad y ayudar a que la conversación fluya utilizando la curiosidad. Una hermana me comentó: “mi hermano siempre debe ganar, otra posición no es suficiente para él, debe ganar. Sube la voz para mostrar su autoridad y conocimiento. Ahí guardo silencio brevemente y detono preguntas. Con el paso del tiempo, he mejorado la capacidad de dialogo con mi hermano.” En momentos difíciles, preguntar es una manera de abrir vías de conversación, fomentar la reciprocidad e impedir que la rivalidad escale hacia un conflicto.
- Conoce y reconoce las fortalezas de tus hermanos. En la situación de rivalidad conocer y reconocer las fortalezas propias y de cada persona, ayudará a entender mejor la posición del otro y facilitará el proceso de negociación. Por ejemplo, en la contienda por un puesto de liderazgo, las rivalidades saldrán a lucir. Apoyados por un mentor, será importante declarar esas rivalidades. El mentor ayudará a resolver conflictos y malentendidos. Aclarar quien desea contender por el puesto, creará un proceso fluido y equitativo, el cual impedirá que la rivalidad erosione el tejido familiar.
- Resuelve el conflicto de rivalidad… siempre. En una situación de rivalidad, gestionar el aprendizaje generado por las emociones y el conflicto ayudará a encontrar perspectivas y soluciones alternas. Si el acuerdo generado por la rivalidad no funcionó una vez, será importante revisarlo e integrar una nueva solución. Saber que es posible volver a discutir acuerdos, fortalecerá las relaciones entre hermanos.
- Conserva la energía emocional de hermanos. La mejor parte de convivir y trabajar con hermanos es la energía emocional que se genera cuando están juntos. Por ello, establecer un propósito compartido promueve un nuevo ciclo de energía emocional. Esto es esencial en situaciones de rivalidad. El hecho de construir un propósito compartido implica convivir para definir perspectivas y lograr acuerdos. La energía emocional de un propósito compartido brindará una nueva razón para estar unidos y encauzados.
La rivalidad entre hermanos, aunque es desafiante, da a los hermanos la oportunidad de desarrollar una identidad propia a partir de las tensiones ocasionadas por la competencia.
Sin embargo, gestionar la rivalidad de manera constructiva suscitará el desarrollo de habilidades de conversación, negociación, resolución de conflictos y colaboración. Hermanos con capacidad de establecer propósitos compartidos, podrán celebrar éxitos que permitan llevar a la familia empresaria a un siguiente nivel.
La autora es Directora Académica del Instituto de Familias Empresarias para México y LATAM (IFEM) del Tecnológico de Monterrey, afiliada al Center of Family Entrepreneurship and Ownership (CeFEO), Jönköping Business School, Suecia.
Contacto: m.ramirezpasillas@tec.mx
