Un joven piloto del Ejército revela qué le ocurre al cuerpo al volar un F-18 a máxima velocidad
Un proceso solo apto para los más fuertes
En 2012, Enrique Gil Cañete era uno de los 5.000 aspirantes que soñaban con entrar en la escuela de pilotos de combate en España. Solo había 27 plazas disponibles. La selección incluía pruebas médicas y físicas, exámenes de inglés y un proceso continuado de evaluación que duraba años.
Superar ese primer filtro no garantizaba nada. A lo largo de los años siguientes, los seleccionados debían demostrar capacidades excepcionales para poder optar a pilotar un avión de combate como el F-18. Otras salidas eran el manejo de helicópteros, aviones de transporte o, cada vez con más peso, los drones.
De estudiante a capitán con cientos de horas de vuelo
Con solo 23 años, Gil Cañete se convirtió en piloto de F-18. Hoy, ya con rango de capitán, suma 700 horas de vuelo en este avión de combate, y cerca de 2.000 si se contabiliza su labor como instructor en la formación de otros militares.
Su carrera es un ejemplo de esfuerzo, disciplina y adaptación a un entorno de alta presión. Pero también, de aprendizaje continuo sobre cómo controlar el propio cuerpo en situaciones extremas.
Qué le pasa al cuerpo al volar un F-18
Gil Cañete describe su primera experiencia al mando de un F-18 como un momento de euforia: "Es como si a los 23 años te dan una Ferrari y luego tienes que conducir un Renault", afirma. Sin embargo, con el tiempo, esa emoción inicial se transforma en enfoque profesional: “Ya no es euforia, sino profesionalidad”.
Volar un F-18 supone enfrentarse a fuerzas G muy elevadas que pueden hacer perder el conocimiento. Por eso, los pilotos entrenan para que la sangre no se desplace desde el cerebro al resto del cuerpo, lo cual provocaría desmayos.
Entrenamiento físico contra las fuerzas G
El entrenamiento incluye técnicas respiratorias, contracciones musculares y maniobras específicas que permiten mantener el riego sanguíneo cerebral. Estas técnicas son tan importantes como saber pilotar: un error podría significar un accidente a velocidades superiores a los 1.800 km/h.
La capacidad de soportar este tipo de situaciones no es común. Requiere una combinación de genética, entrenamiento y control mental que muy pocos logran dominar.
Un privilegio que transforma a quien lo vive
La experiencia de pilotar un caza de combate deja una huella profunda. No solo por lo que implica en términos de formación y responsabilidad, sino también por la transformación personal que supone enfrentarse, día tras día, a los límites del cuerpo humano.
La historia de Enrique Gil Cañete representa a una generación de militares que han llevado la aviación de combate española a un nivel de élite. Su testimonio revela la realidad de una profesión tan admirada como desconocida por el gran público.
