Es 1 de noviembre y como en cada camposanto, en el de Toledo se celebra el Día de Todos los Santos. Una jornada marcada por la tradición y el recuerdo de los seres queridos que ya no están, en la que el cementerio municipal se convierte en un lugar de encuentro y reflexión para cientos de toledanos. Desde primeras horas de la mañana, el ambiente en los accesos al camposanto toledano es de trasiego. La mañana amanecía con cielos encapotados que han dado paso a un ir y venir constante de coches, taxis y autobuses de los que bajaban jóvenes y mayores, todos con un fin: recordar a aquellos que partieron. Este 1 de noviembre es también el día de las flores, especialmente de los crisantemos, los claveles y las margaritas, sin olvidar los gladiolos que se pueden adquirir en los puestos de venta ambulante ubicados en las puertas del cementerio, donde la rosa es la reina para aquellos bolsillos que pueden permitírselo. La tradición de rendir homenaje a los difuntos con flores se mantiene viva. Así lo demuestran las cifras. Según la Asociación Española de Floristas (AEFI), los españoles gastarán hoy entre 40 y 50 euros en flores , un pequeño aumento respecto al año anterior, con un crecimiento de un 5 por ciento en las ventas que suponen para el sector el 20 por ciento de los ingresos anuales. A pesar de la multitud, el cementerio sigue siendo calma y recogimiento, un contraste que no pasa desapercibido. Mientras las familias se mueven entre las tumbas, unas para colocar las flores y otras para limpiar y cuidar el espacio donde reposan sus seres queridos, se percibe un ambiente de respeto, casi solemne. Los cubos y garrafas de agua, junto a los cepillos y el jabón, sirven para devolver a las sepulturas el lustre que merecen. De manera minuciosa se limpia cada letra que es memoria anclada al mármol frío e inerte de las sepulturas. El ritual se repite tal y como lo rodó para la gran pantalla Pedro Almodóvar en 'Volver' , en aquella escena en la que las mujeres de Granátula de Calatrava (Ciudad Real) se afanaban en la limpieza de las tumbas del cementerio del pueblo. Hoy son las familias toledanas las que continúan con la costumbre de honrar así a los suyos. La actividad en el camposanto es constante, pero no solo por la venta de flores o por la limpieza de las sepulturas. A medida que avanza el día, el espacio se llena de historias de generaciones que se entrelazan a través de los recuerdos, en un acto de amor y respeto que pone de manifiesto la importancia de mantener viva la memoria. Para muchos, este día se convierte en una especie de renacimiento emocional y el camposanto en un espacio para recordar lo que la efímero de la vida. El Día de Todos los Santos, así, más que una tradición, es un testamento de la fortaleza del vínculo familiar y de la necesidad de recordar a quienes nos precedieron. Un día donde las flores y el mármol reluciente no es más que un símbolo respeto hacia aquellos que nos dieron la vida, y que ahora descansan en paz.