Las claves del trenzado ecuestre: disciplina, técnica y vocación
La vida de Paula Sofía Mesa Núñez siempre ha estado ligada al caballo. Hoy combina el oficio del trenzado ecuestre con sus estudios de Veterinaria moviéndose entre concursos, plazas de toros y jornadas de trabajo que empiezan antes del amanecer.
Paula creció en una familia donde el mundo ecuestre era cotidiano: su padre fue rejoneador y campeón de Doma Vaquera de Madrid, y su familia paterna, en Lora del Río (Sevilla), siempre estuvo ligada a las faenas de campo en ganaderías de toros. "Mi pasión por los caballos nació desde que tengo uso de razón. Lo de los caballos es algo que llevo en los genes", explica a LA RAZÓN.
Su camino profesional dentro del sector tomó una dirección inesperada: el trenzado. Lo que comenzó como algo puntual con su propio caballo terminó convirtiéndose en una ocupación que hoy compagina con sus estudios de Veterinaria. "Mi pasión por el trenzado fue algo inesperado y que se ha convertido en una forma de vida", asegura. El punto de inflexión llegó cuando conoció a Ana, la trenzadora del rejoneador Iván Magro. A partir de ahí aprendió técnicas nuevas, empezó a practicar en concursos de Doma Clásica y, de manera natural, llegó a trenzar para rejoneadores. En la actualidad coordina el equipo de trenzadores de Iván Magro y se ha formado con distintos profesionales para perfeccionar su trabajo.
La combinación entre la Veterinaria y el trenzado nace de una misma motivación. "Lo que me lleva a compaginar ambas cosas es la pasión y el amor que siento hacia el caballo. Si no fuese por él, no sería ni veterinaria ni trenzadora", explica. "A principios y finales de curso voy más apretada por la temporada taurina, pero como me apasiona tanto este mundo siempre acabo sacándolo todo adelante", apunta.
Para ella, trenzar un caballo es una mezcla entre técnica y estética. "La técnica es imprescindible para que el resultado sea resistente, cómodo y adecuado a la disciplina, pero también hay un componente artístico que ayuda a que el caballo luzca más bonito", afirma. Las diferencias entre disciplinas marcan también el tipo de trabajo. En Doma Clásica se buscan acabados pulidos y uniformes, generalmente con moños holandeses. En el rejoneo, en cambio, el estilo es más tradicional y funcional, con trenzas corridas y lazos, y siempre con la cola trenzada.
El proceso de trabajo varía según la disciplina y el caballo. Paula comienza evaluando la crin y prepara el material antes de empezar. Le da importancia a la calma y a la adaptación a cada animal. En las jornadas de rejoneo, la rutina es más extensa: cargar caballos, viajar a la plaza, preparar, trenzar, asistir durante la corrida y recoger después. "Con los rejoneadores además de trenzadores hacemos muchas más funciones", explica. En Doma Clásica el horario es más previsible: se trenza con antelación suficiente para llegar a pista con todo preparado.
"De pequeña iba a mis clases y luego me quedaba viendo montar a Juan Matute Guimón. Años después poder ir con él a un concurso y trenzarle fue una de mis experiencias más especiales", recuerda. Otra fue acompañar durante cuatro años a "Caramelo", un caballo al que trenzó en todos sus concursos, hasta verlo clasificado en SICAB en la prueba de San Jorge. También destaca su primera vez trenzando en Las Ventas, ocasión en la que incluso realizó una exhibición de trenzado en la plaza el día anterior a la corrida.
"El trenzado me ha enseñado lo difícil que es hacerse un hueco en este mundo y que desde la humildad y la pasión se pueden conseguir muchas cosas", confiesa y asegura que antes era una persona tímida y su trabajo actual le ha ayudado a relacionarse con más seguridad. "Gracias a estos años trenzando he perdido esos miedos. Ahora me relaciono con gente muy importante del mundo del caballo y trabajo en equipo", cuenta.
Respecto a las habilidades necesarias para el oficio, Paula señala la técnica, la precisión y el criterio estético, pero destaca un elemento fundamental: la pasión. "Un buen trenzador debe tener verdadera pasión por cada crin que toca, porque eso es lo que marca la diferencia", asegura. También insiste en la importancia de la paciencia y la empatía con el caballo, así como en la necesidad de seguir aprendiendo nuevas técnicas.
Sobre el reconocimiento del trabajo de los trenzadores, considera que aún falta visibilidad. "En el rejoneo estamos desde muy temprano hasta muy tarde para dos horas de corrida. Detrás hay un trabajo enorme que pocos conocen", cuenta y reconoce que en la Doma Clásica el oficio está más valorado y profesionalizado.
Paula quiere seguir perfeccionándose, trabajar en eventos de mayor nivel y formar a personas interesadas en este ámbito. "Me encantaría ir con los rejoneadores como veterinaria de caballos de rejoneo y trenzadora. No concibo mi futuro sin caballos", concluye.
