'Farra' es una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y la Compañía Lucas Escobedo que se presenta como un auténtico carnaval escénico . Es lo que ocurre cuando un lugar, pongamos que hablo de Madrid, se disfraza de sí mismo y decide que el tiempo no existe: da igual si estamos en 1568, en 1668 o en 2024, porque durante el carnaval todo se funde en un mismo jolgorio. 'Farra' es juerga, jarana, parranda, guateque, bacanal , pachanga, movida, alboroto, bochinche, algarabía, travesura… Es fiesta y celebración , cultura y comunidad. Es la plaza mayor convertida en escenario, la calle en teatro, el balcón en palco y el pueblo entero en protagonista. Durante las carnestolendas, las normas se evaporan como vino en jarra compartida . El mundo se rige por paradojas: el rey se viste de bufón, el sabio hace de loco, el cura baila y el pícaro predica. Todo es posible, porque esta farra barroca abre la puerta a la música, la magia, la acrobacia y la locura que se desata entre mojigangas, danzas y regocijos. Es, sin duda, una subversión del teatro clásico, aunque se sirva de sus nombres y de algunos textos mínimos que lo evocan. Y como toda buena subversión, la fiesta no se queda en jarana: también pretende ser espejo, aunque no sé si el espectador lo advierte. Señala la locura del pasado y del presente, nos enfrenta a nuestras contradicciones y, entre carcajadas y máscaras, nos recuerda que la vida es breve y que la risa es urgente. Por el escenario desfilan teatro caleidoscópico, música, circo y comedia ; lo visual, lo musical y lo circense brillan con fuerza frente a un contenido más bien liviano. Es un espectáculo de celebración, de regocijo cultural, de fiesta colectiva para todos los públicos que no tengan demasiadas ganas de filosofar. Y sí: 'Farra' es carnaval, la excusa perfecta para dejarse llevar, para que en el escenario se mezcle la música con la palabra, el circo con la comedia y la vida con la fantasía. Y ya puestos, podemos tener la impresión de que, al menos por un rato, todos somos iguales bajo la máscara. La dramaturgia, firmada por María Díaz y Lucas Escobedo , articula una sucesión de microtextos del Siglo de Oro -Lope, Quevedo, Cervantes, Sor Juana, Zayas y otros- entrelazados con acrobacias, canciones, humor y escenas de juego, de circo o de esgrima. El inicio resulta espectacular y genera asombro ; el desarrollo alcanza su mejor nivel en las secuencias circenses y de malabarismo colectivo; sin embargo, el último tercio deriva en un revolutum que provoca un progresivo decaimiento y diluye el impacto inicial. La insistencia en la espera de un personaje que nunca llega remite inevitablemente a la estructura del teatro del absurdo, con ecos de 'Esperando a Godot'. Se percibe, no obstante, una c arencia de densidad textual que limita la inclusión de la pieza en programaciones de 'teatro clásico': la referencia al Siglo de Oro se reduce a una nómina tópica de autores y a la reproducción de frases o fragmentos mínimos, demasiado reconocibles y superficiales para sostener un verdadero diálogo con la tradición. La música ocupa un lugar central en el desarrollo escénico , aunque su registro conecta más con lo juvenil y contemporáneo que con lo barroco. En ese amplio cajón de sastre se integran sonoridades diversas —música popular, rock, electroacústica— que aportan dinamismo, aunque refuerzan la distancia respecto al canon clásico. La dirección de Lucas Escobedo consigue amasar con habilidad un material heterogéneo en el que confluyen disciplinas diversas: el verso clásico, dicho con claridad y sin la rigidez solemne (ahí se percibe la impronta de Ernesto Arias), una música ecléctica de raíz popular y el circo contemporáneo. Su propuesta se decanta por el desenfado y la inteligencia escénica, buscando que el público se sienta parte de la fiesta. Rehúye el anclaje en el Siglo de Oro y convierte la acción en un espacio de juego compartido, aunque esa apuesta, por momentos, sacrifica densidad dramática en favor de la ligereza. El elenco despliega una versatilidad poco común , desfilando con solvencia entre disciplinas: declaman versos, cantan, ejecutan acrobacias y malabares, combaten a esgrima y participan en mojigangas. La interpretación coral y la polivalencia actoral constituyen, sin duda, lo más sólido del espectáculo. Alfonso Rodríguez aporta energía física y comicidad, transformando la acrobacia en sátira. Irene Coloma brilla en la danza y la gestualidad, con un dominio corporal que convierte cada movimiento en discurso. Jesús Irimia 'Xuspi' añade frescura y humor directo, cercano al clown. Paula Lloret equilibra la comicidad con momentos de lirismo, mostrando una notable capacidad para transitar entre registros muy diversos. Raquel Molano , además de dirigir la música, sostiene el pulso rítmico y festivo de la obra como intérprete. Y el propio Escobedo , integrado en el juego coral, refuerza la idea de comunidad escénica y actúa como pivote sobre el que revolotea la acción. La escenografía, funcional y pensada para un teatro en gira, apenas insinúa evocaciones del Siglo de Oro y se centra en lo imprescindible para lo circense. El vestuario, en cambio, revela un trabajo muy cuidado y adecuado: mezcla tradición barroca con un aire festivo y carnavalesco, logrando una estética que acompaña con coherencia la propuesta artística. Se trata de un teatro agradecido para un público que prefiere el festejo circense a la reflexión social, aunque bajo el tono desenfadado late siempre la posibilidad de una lectura más profunda: la risa y la máscara, bien miradas, son también instrumentos de pensamiento. El mensaje pacifista y conciliador es patente . Si ampliamos la mirada hacia lo social, podríamos colegir que, en tiempos de incertidumbre como los actuales, espectáculos de esta índole reivindican la celebración mediterránea no solo como entretenimiento, sino como acto político. En definitiva, 'Farra' se presenta como un espectáculo atrevido, divertido y jocoso , que utiliza a los clásicos como reclamo para transformar la cultura en fiesta y la fiesta en conciencia. La dirección de Escobedo, junto con la entrega del elenco, convierte este carnaval barroquizado en un acontecimiento escénico de carácter popular y atractivo, capaz de seducir tanto por su energía como por su capacidad de convocar a la comunidad en torno al juego teatral. En el coliseo toledano del Rojas, los espectadores han reído con este teatro convertido en jarana colectiva , se han dejado arrastrar por la celebración y han reconocido el esfuerzo con cálidos aplausos, confirmando que la propuesta cumple su cometido: ser fiesta compartida y, al mismo tiempo, espejo de nuestra necesidad de comunión en la incertidumbre. Título: Farra . Dramaturgia: María Díaz y Lucas Escobedo . Dirección: Lucas Escobedo . Intérpretes: Alfonso Rodríguez , Irene Coloma , Jesús Irimia 'Xuspi' , Lucas Escobedo , Paula Lloret y Raquel Molano . Escenografía: Xavier Erra . Dirección y composición musical: Raquel Molano . Vestuario: Ana Llena y Soledad Seseña . Iluminación: Manolo Ramírez . Producción: Compañía Lucas Escobedo y Compañía Nacional de Teatro Clásico . Escenario: Teatro de Rojas .