Moncloa lanza «señuelos» para frenar la sangría
Hace tiempo que la Moncloa se ha convertido en zona de combate ideológico. El núcleo duro del presidente del Gobierno trabaja a diario para revertir una aguda crisis de reputación que la realidad judicial y política no hace más que empeorar. Por eso, los asesores de cabecera de Pedro Sánchez han recetado «señuelos», como los definen varias fuentes de peso en el PSOE, para frenar el PP.
Se trata de una campaña pensada más para el ciclo electoral autonómico que arrancó en Extremadura el pasado 21 de diciembre que para ampliar el BOE. Y todo porque el Ejecutivo carece de la confianza de sus socios parlamentarios habituales para legislar bajo sus coordinadas ideológicas.
La debilidad de Sánchez en el Congreso es un hecho. Las fuentes consultadas en el Ejecutivo apuntan que en los próximos meses, coincidiendo con los comicios en Aragón –en febrero– y en Castilla y León –en marzo–, el Gobierno activará su agenda de propaganda en materias que los asesores de Sánchez consideran prioritarias, como la vivienda o el transporte, por ser las principales preocupaciones de la sociedad. Los gurús del líder socialista están empeñados en que Sánchez y sus ministros hablen solo de lo que los españoles sufren en su día a día. El objetivo es cambiar los asuntos de discusión de pública, que ahora versan sobre los casos de corrupción y acoso sexual que acechan al principal partido de la coalición. Pero en el PSOE desconfían de la capacidad del Gobierno para revertir la situación.
El batacazo socialista en Extremadura, donde la derecha arrasó con más del 60% de los votos, se considera en el partido el resultado de la «podredumbre» que ha salpicado a Sánchez en este último año y medio. Los socialistas lamentan que el presidente sea incapaz de subir la intención de voto con los resultados macroeconómicos y tenga que recurrir a banderas con las que agitar la calle o a politizar asuntos de Estado. Sin ir más lejos, Sánchez usó ayer, primer día de 2026, el cuarenta aniversario de la entrada de España en la Unión Europea, como «señuelo» ideológico.
El patrón que sigen los asesores de Sánchez es el mismo que siguieron con la conmemoración del cincuententario de la muerte de Franco. El presidente, en sus discursos, tiende a atribuir el advenimiento del sistema de libertades de 1978 al PSOE en exclusiva. La dicotomía en la que Moncloa quiere encerrar a los ciudadanos es «democracia» o «dictadura». Y es ahí donde pretende meter al PP y a Vox.
Todos los esfuerzos del Gobierno pasan por trasladar a los españoles que el PSOE es el único partido que protege la libertad y «cuida» a los españoles ampliándoles sus derechos. En cierto sentido, el Ejecutivo busca reactivar una lógica de polarización moral. No se trata de «izquierda contra derecha» en términos programáticos, sino de «público contra privatizado» y «derechos contra negocio». Así, bajo esas premisas, Sánchez pretende que los progresistas terminen votando al PSOE pese al reguero de escándalos que ha teñido de negro al partido. La mayor preocupación en el laboratorio demoscópico del presidente es la abstención. Las fuentes consultadas en Ferraz coinciden en que la mayor parte de quienes les votaron en Extremadura en 2023 se quedaron en casa el 21 de diciembre.
Por eso, estas fuentes admiten que una vez constatado que no hubo un traspaso de votantes considerable del PSOE al PP, el objetivo es persuadirles para que elijan el mal menor cuando haya elecciones generales. El éxito de la estrategia no dependerá tanto de los anuncios como de una pregunta más profunda: si el electorado progresista sigue viendo al Gobierno como su último dique o ya lo percibe como parte del problema que quería evitar. Los votantes de izquierda son especialmente sensibles a los escándalos de corrupción y de moralidad, como los episodios de acoso sexual.
Un PSOE «asustado»
El Partido Socialista, en verdad, está «asustado», según cuentan varios de sus dirigentes en conversación con LA RAZÓN. La mayoría teme que su partido se enfrente a una larga travesía por el desierto cuando termine la etapa de Sánchez al frente. En cualquier caso, antes de que los socialistas diriman su futuro, tendrán que pelear cada voto en las próximas elecciones. Las encuestas no son nada favorables para la candidata en Aragón, la exministra Pilar Alegría, ni para el cabeza de cartel en Castilla y León, Carlos Martínez. El equipo de Sánchez admite que el resultado en Extremadura, descontando el efecto del candidato, Miguel Ángel Gallardo –procesado en el caso que afecta al hermano del presidente– es una «llamada de atención» que debe apremiar a todos en el Gobierno a trabajar en alineados. Todo un aviso a navegantes para quienes, en las últimas semanas, han movido el avispero en el partido y en el Gobierno. Algunos ministros y dirigentes socialistas toman posiciones para la siguiente etapa en el partido. Tanto Moncloa como Ferraz se han convertido en zonas de alta tensión, donde se suceden los «navajazos» entre compañeros. Sánchez, mientras, va a lo suyo.
