Año nuevo, vida nueva. Por fin, los colegiados de una provincia pueden pitar partidos de los equipos de su propia comunidad autónoma. Así, el maresmeño
Víctor García Verdura pasará a la historia como el primer árbitro catalán, en tiempos de la Liga, que pita un derbi entre
Espanyol y
Barça. Y la actuación no pudo ser mejor. No solo porque no hubo una sola jugada polémica en las áreas, ni porque el VAR no tuvo que intervenir ni una sola vez, ni porque los jugadores de ambos equipos estuvieron tremendamente deportivos, sin entradas bruscas ni tánganas ni rifirrafes. Todo le salió al colegiado a pedir de boca. El de Mataró ya es, de por sí, uno de los colegiados de Primera división que menos tarjetas muestra, el que menos expulsa y uno con los índices de penaltis pitados más bajos. Como demostró en Cornellà,
García Verdura dirige bien y deja jugar, sin convertirse en protagonista. Pero su mejor virtud en el derbi fue la forma de conceder la ley de la ventaja. Dos ejemplos. En el famoso testarazo de
Pere Milla y la mano imposible de
Joan Garcia del primer tiempo, la jugada arranca con una falta clara del Barça sobre
Roberto cerca del área del Espanyol. El colegiado, viendo que
Dolan y
Carlos Romero salen al contrataque con ventaja, deja seguir. La falta táctica del Barça no sirvió de nada y por muy poco no acaba en gol. Pitó bien, a favor del espectáculo. Igual pasó con los dos goles del Barça. Fermín, a la contra, es agarrado por Cabrera tras el giro. Pero
Fermín sigue y
García Verdura no pita. En el 0-2, es Omar quien sujeta repetidamente a
Fermín, que sigue, tozudo, hacia portería. Vale que el crack del Barça no cayó, en ninguna ocasión, pero otro colegiado pita al instante... para tomar aire y no tener que correr tanto. Bravo.
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