Cada vez está más interiorizado el cuidado de la piel en verano, por la exposición solar en la playa o en la piscina, pero en invierno no hay que descuidarse, porque tanto el frío, como el viento, e incluso el sol pueden provocar daños como deshidratación y quemaduras. Los cuidados se deben extremar cuando se practica esquí y otros deportes de nieve o simplemente se disfruta de paseos en zonas nevadas. La razón es sencilla: la radiación UV aumenta entre un 8 y un 10% por cada 1.000 metros de altitud. Muchos esquiadores presentan quemaduras en el rostro por no haber aplicado correctamente la fotoprotección. Además del riesgo de cáncer, las quemaduras dañan el ADN cutáneo, provocando manchas y envejecimiento prematuro. El doctor Carlos Morales Raya , dermatólogo y fundador de la clínica que lleva su nombre, explica que «esquiar expone la piel a una radiación UV elevada, por el reflejo solar en la nieve , además de a unas temperaturas bajo cero, viento intenso y baja humedad, una combinación muy agresiva para la barrera cutánea». Aunque las quemaduras son el principal problema que suelen sufrir las personas que van a esquiar (principalmente en el rostro y en los labios , las zonas que quedan descubiertas), también hay riesgo de deshidratación , lo que provoca sequedad de la piel, descamación, rojeces y tirantez. Todas las pieles son susceptibles de sufrir estos daños, pero las más sensibles y reactivas, o las que padecen patologías como la dermatitis o la rosácea, son más propensas. Más allá de las molestias, una piel con la barrera cutánea dañada presenta un aspecto más opaco, al perder la luminosidad, y envejece peor. El principal cuidado, según el doctor Morales Raya, es la protección solar. “Hay que usar un fotoprotector SPF 50+ resistente al agua , que habrá que reaplicar cada dos horas. Preferentemente, recomiendo fórmulas con filtros minerales o asociadas a antioxidantes (vitamina C, E, niacinamida). No hay que olvidar, además, el bálsamo labial con SPF alto, reaplicado con frecuencia. Todo ello combinado con protección física, es decir, uso de gafas, gorro y braga térmica”. Además de la protección tópica, insustituible, se pueden añadir los suplementos solares para reforzar las defensas de la piel frente al sol, pero no hay que olvidar que no sirven si no se combinan con las cremas. Los fotoprotectores orales son un refuerzo que, como explican las doctoras Lara Victoria y Ana Maldonado , especialistas en medicina estética y fundadoras de Lessaging, «reducen el estrés oxidativo que provocan los rayos UV y promueven la longevidad cutánea desde la matriz hasta la superficie». Para que sean efectivas hay que tomarlas días antes de la exposición, durante y después. Junto a la protección, también es necesario incrementar la hidratación de la piel . «Después de la jornada en la nieve, hay que aplicar cremas ricas y reparadoras para restaurar microfisuras provocadas por el frío y el viento. Es preferible, además, evitar retinoides, exfoliantes o peeling en los días previos si la piel es sensible», recomienda el doctor Morales Raya. Aunque la cara, los labios o las manos son las partes que más sufren la deshidratación, no hay que olvidar el resto del cuerpo, que incluso debajo de la ropa, también se reseca. Y aunque puede apetecer mucho una ducha caliente, tras un día en la nieve, no es lo más aconsejable, porque incrementará la sequedad. Lo recomendable son duchas cortas con agua templada e hidratar después toda la piel del cuerpo. El cuero cabelludo es piel, de forma que también puede sufrir deshidratación en invierno, por el frío extremo, el viento y la calefacción alta de los interiores, lo que a la larga se dejará sentir en la melena. Por otra parte, aunque el pelo actúa como protector, en personas con calvicie , también se pueden dar quemaduras , si no se usan gorros y cascos cuando se practica el esquí y otros deportes de montaña en invierno. La doctora Raquel Amaro , de Hospital Capilar, aconseja como principal medida «la protección física y solar. Por un lado, es recomendable llevar el cabello recogido para minimizar la exposición y utilizar productos hidratantes, como acondicionadores sin aclarado, aplicados sobre el tallo capilar. Por otra parte, para proteger el cuero cabelludo, es aconsejable el uso de fotoprotectores específicos en las zonas expuestas, así como gorros o cascos transpirables que protejan del frío y del sol». Además, la experta añade que, de forma adicional, también se debe evitar llevar el cabello húmedo durante periodos prolongados de tiempo y secarlo tras la actividad deportiva. También conviene mantener una correcta higiene posterior al ejercicio para prevenir patologías como foliculitis o dermatitis. Por otro lado, la doctora Amaro pone el foco sobre las tendencias en redes sociales : «Se ha popularizado el uso de mascarillas hidratantes ante de ir a la nieve, pero hacer eso justo antes de la exposición al frío no es lo más recomendable, porque estas favorecen un ambiente húmedo, lo que puede incrementar la fragilidad del tallo. Lo ideal sería aplicar protectores específicos antes y reservar las mascarillas nutritivas para después, como tratamiento reparador». Tras la exposición a bajas temperaturas y a la radiación solar, es fundamental rehidratar el cuero cabelludo. En casos de irritación o sensibilidad, pueden aplicarse también lociones calmantes o tratamientos específicos para restaurar la barrera cutánea.