Efesios 6:12 y la advertencia contra el poder absoluto
En Efesios 6:12 (un versículo que muchos cristianos saben de memoria), se nos recuerda que nuestra lucha no es contra “sangre” (Griego haima) ni “carne” (Gr. sarx). No es contra personas comunes que nos rodean, sino contra aquellos que, desde dentro de las estructuras humanas, nos dividen, nos separan y nos violentan.
El autor utiliza tres términos en un crescendo revelador. Primero, menciona a las autoridades (Griego archas, como en arcángel), quienes ejercen una autoridad delegada. Debemos estar atentos a quienes se les ha delegado autoridad. Luego a los poderosos (Gr. exousias, probablemente vinculados al poder económico). Debemos estar atentos ante los abusos de quienes tienen poder económico para someter o imponer sus intereses sobre el resto de la población.
Pero el tercer término es el más inquietante: kosmokrátoras. Formado por el cognado kosmos y kratos. Si burocracia es el poder de los escritorios, y democracia es el poder del pueblo, ¿qué sería kosmokratos o cosmocracia? El término ha sido traducido con torpeza como “poderes cósmicos”, cuando el griego del autor sugiere otra cosa. Kosmos significa orden, totalidad. Ya no los funcionarios que tienen autoridad delegada, ya no los poderosos económicamente que pueden comprar, sobornar y corromper al gobierno. Lo que señala el texto, atendiendo a la progresión interna, es a quienes quieren detentar el poder total, omnímodo: los aspirantes a la cosmocracia, al control absoluto.
Para el autor de la carta a los Efesios, eso solo podía evocarlo el Imperio romano, una maquinaria tan brutal y vasta que parecía casi espiritual en su capacidad de someter y aplastar.
Si hoy alguien nos pegara un grito como “¡cuidado con los Kosmokrátoras!”, la asociaríamos con lo que intenta someter la institucionalidad: quienes buscan dominar asambleas legislativas, manipular tribunales electorales o concentrar cada espacio del Estado. Son fuerzas que dividen, que erosionan la democracia y que se alimentan del miedo y del resentimiento.
Por eso, insiste: nuestra lucha no es contra nuestros compatriotas. Es contra las ínfulas totalitarias y contra las fuerzas que las sostienen. Contra toda tentación de convertir el poder en un absoluto que devora la convivencia y la libertad.
Nuestra lucha no es contra nuestros compatriotas, sino contra las ínfulas totalitarias y contra los poderes que lo apoyan.
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Jose Chacón es escritor.
