Stephen Hawking: “Por muy difícil que parezca la vida, siempre hay algo que puedes hacer y en lo que puedes tener éxito”
Stephen Hawking, una de las mentes científicas más influyentes del siglo XX, dejó una reflexión que trasciende el ámbito de la física para instalarse en el terreno de la experiencia humana: "Por muy difícil que parezca la vida, siempre hay algo que puedes hacer y en lo que puedes tener éxito". Esta frase funciona como un recordatorio potente en tiempos de incertidumbre: no niega la dificultad ni promete soluciones mágicas, pero propone una idea central y esperanzadora: incluso en los momentos más complejos existe un margen de acción posible.
De Oxford a Cambridge: la vida de un científico público
Stephen William Hawking nació el 8 de enero de 1942 en Oxford y se formó en las universidades de Oxford y Cambridge, donde desarrolló buena parte de su carrera académica. Pese a su diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) en su juventud, una enfermedad que con frecuencia condiciona gravemente la movilidad y la comunicación, Hawking continuó su trabajo en cosmología y relatividad, convirtiéndose en una figura pública capaz de divulgar conceptos complejos. Su trayectoria científica y su capacidad para comunicar la física teórica lo convirtieron en uno de los científicos más reconocibles del siglo XX y comienzos del XXI.
La importancia de ver el lado positivo
El núcleo del mensaje está en ese "siempre hay algo". Cuando los problemas abruman, nace la sensación de que todo está perdido y de que no queda nada por hacer. Hawking plantea lo contrario: tal vez no sea posible resolverlo todo de una vez, pero sí avanzar en un punto concreto, mover una pieza o dar un paso pequeño y deliberado.
Esa mínima acción (aprender una habilidad, buscar una ayuda profesional, replantear una meta o probar una nueva estrategia) puede ser el empujón que desencadene cambios mayores. La idea conecta con prácticas modernas de psicología aplicada que recomiendan dividir los problemas en tareas manejables para recuperar el control y la motivación.
Una persistencia con matices
La segunda parte de la cita: "Lo importante es no rendirse", no debe entenderse como una exaltación de la cabezonería. Persistir, en este contexto, significa mantener la continuidad del intento mediante flexibilidad: cambiar de enfoque, pedir ayuda, ajustar expectativas, pausar y retomar con más recursos. Rendirse implica renunciar a la posibilidad de intentar algo distinto; persistir inteligente abre la ventana a la resiliencia. En la vida profesional de Hawking esta actitud se manifestó en su capacidad para adaptar su trabajo y su comunicación científica a las limitaciones físicas, sin renunciar a la ambición intelectual ni al deseo de compartir conocimiento.
El tamaño del éxito: pequeñas victorias con gran efecto
También hay una lectura emocional: en contextos adversos es frecuente sentir vergüenza por "no poder" o por no alcanzar resultados espectaculares. Hawking propuso otra mirada: el éxito no siempre es grande ni visible; puede ser parcial, discreto o silencioso, pero sigue siendo avance. Celebrar pequeñas victorias como terminar una tarea, mantener una rutina o incluso pedir apoyo refuerza la autoestima. Desde la divulgación de la ciencia hasta la vida cotidiana, ese reconocimiento de los logros modestos es una herramienta práctica para sostener la acción en tiempos difíciles.
Así se aplica esta frase en la actualidad
En una época marcada por las crisis económicas, el aumento de los precios, los cambios laborales y una sobreexposición a noticias adversas, la máxima de Hawking puede servir como guía pragmática: identifica una cosa sobre la que puedas actuar hoy, ponle tiempo limitado y comienza. Si el primer intento no funciona, replantea la estrategia; si necesitas apoyos, búscalos. La ciencia que Hawking ayudó a construir nos enseñó a despejar incertidumbres paso a paso; su frase nos recuerda que la misma lógica (fragmentar, experimentar, perseverar con criterio) puede aplicarse a los retos personales.
Lejos de ofrecer un consuelo vacío, la cita de Hawking plantea una política práctica para afrontar la adversidad: identificar lo que depende de nosotros, ejecutar pequeñas acciones con constancia y ajustar el rumbo según sea necesario. En ese proceso reside la posibilidad de éxito, por pequeño que sea, y la vía para que la dificultad deje de ser parálisis y se convierta en impulso.
