Un candidato que promete Ferraris y grifos de vino irrumpe en las elecciones portuguesas
En el mercado de Campo de Ourique, en Lisboa, la campaña presidencial portuguesa ha tomado un giro inesperado con la irrupción del Candidato Vieira, un personaje satírico que promete un Ferrari para cada ciudadano y vino corriendo por los grifos domésticos.
Detrás del personaje está Manuel João Vieira, artista, músico y humorista, que ha decidido competir oficialmente en las elecciones del domingo con una campaña diseñada para desafiar los códigos políticos tradicionales.
Una campaña presidencial inédita
Su estrategia mezcla ironía, estética popular, memes generados por inteligencia artificial y un lenguaje deliberadamente absurdo. “Quiero ser más absurdo que Donald Trump para movilizar la imaginación de la gente”, afirmó durante el anuncio de su candidatura.
Además de los Ferraris, Vieira propone la creación de Vieirópolis, una ciudad utópica donde la inteligencia artificial liberaría a las personas del trabajo, un “modelo de madre individual” para combatir la soledad y un tratamiento para homogeneizar tonos de piel como respuesta satírica a las tensiones migratorias. Las encuestas le otorgan alrededor del 1%, pero su impacto está siendo mayor del que sugieren los números.
Las elecciones se celebran en un contexto inédito: 11 candidatos en liza y sondeos que apuntan a la primera segunda vuelta en 40 años. El líder del partido Chega, André Ventura, encabeza las encuestas con un margen estrecho, seguido del socialista António José Seguro. Aunque la presidencia portuguesa no tiene poder legislativo directo, conserva facultades relevantes como disolver el Parlamento o convocar elecciones anticipadas.
Para el politólogo António Costa Pinto, estas elecciones suponen “el fin de una tradición en la que la presidencia era buscada por figuras fuertes del régimen y de la élite”, un cambio que se explica en parte por el auge del voto antisistema y la desafección ciudadana. Entre los jóvenes, la candidatura satírica está actuando como vía de protesta e incluso como contrapeso simbólico ante el crecimiento de Chega.
