Condenada una mujer en Reino Unido por retener y explotar a otra como esclava doméstica durante 25 años
Una mujer de 56 años ha sido declarada culpable en Reino Unido por mantener a otra mujer retenida, aislada y sometida a trabajos forzados durante más de dos décadas, en uno de los casos de explotación doméstica más prolongados que han llegado a los tribunales británicos.
El Tribunal de la Corona de Gloucester concluyó que la acusada sometió a la víctima, que llegó a su casa siendo adolescente y con dificultades de aprendizaje, a un régimen de control absoluto, impidiéndole salir, negándole atención médica y obligándola a realizar tareas domésticas bajo amenazas y agresiones físicas.
El tribunal detalla años de abusos físicos, control extremo y abandono mientras los servicios sociales fallaban en detectar la situación
Según la Fiscalía, la víctima vivió durante 25 años en condiciones “inhumanas y degradantes”, durmiendo en una habitación descrita por los agentes como “similar a una celda”, con acceso limitado a comida y sin posibilidad de higiene regular.
Los investigadores señalaron que la mujer no tenía registros médicos, dentales ni escolares desde finales de los años 90, lo que evidenciaba su completo aislamiento.
Los testimonios presentados en el juicio describieron episodios de violencia reiterada, incluyendo golpes, castigos físicos y humillaciones. Vecinos declararon que la víctima parecía “extremadamente delgada, asustada y sometida”, y que durante años apenas se la veía fuera de la vivienda.
La situación salió a la luz en 2021, cuando uno de los hijos de la acusada alertó a las autoridades. Al llegar al domicilio, la policía encontró a la mujer en un estado de abandono severo, con lesiones antiguas y signos de malnutrición. “No quiero estar aquí. No estoy segura. Me pega todo el tiempo”, dijo a los agentes.
La acusada negó los hechos y trató de atribuir la responsabilidad a otros miembros de la familia, pero el jurado la declaró culpable de encarcelamiento falso, trabajos forzados y agresiones. Será sentenciada el próximo mes y podría enfrentarse a una pena de prisión significativa.
Desde su rescate, la víctima vive con una familia de acogida, recibe apoyo psicológico y ha comenzado a reconstruir su vida. Según los servicios sociales, ha logrado recuperar peso, retomar estudios y viajar por primera vez al extranjero.
El caso ha reavivado el debate sobre los fallos en la detección de situaciones de explotación prolongada y la necesidad de reforzar los mecanismos de protección para personas vulnerables.
