Libro renacentista del siglo XVI revela que los humanos preparaban curas extremas con lagartos y heces humanas
En la Europa del siglo XVI, la medicina cotidiana se practicaba en los hogares y no solo en hospitales o universidades. Manuales prácticos orientaban a las familias sobre cómo tratar desde el mal aliento hasta la caída del cabello. Casi 500 años después, un estudio científico permitió reconstruir esas prácticas a partir de rastros moleculares invisibles hallados en libros antiguos.
Una investigación publicada en noviembre de 2025 en la revista The American Historical Review analizó dos manuales médicos alemanes de 1531, escritos por el oftalmólogo Bartholomäus Vogtherr. Las obras, tituladas Cómo curar y expulsar todas las aflicciones y enfermedades del cuerpo humano y Un pequeño libro útil y esencial de medicina para el hombre común, circularon ampliamente y alcanzaron gran popularidad entre lectores sin formación académica.
Libros usados como herramientas médicas
Los manuales reunían recetas ordenadas para dolencias frecuentes y formaban parte de la medicina doméstica renacentista. Un ejemplar conservado en la Biblioteca e Instituto de Investigación John Rylands, de la Universidad de Manchester, muestra abundantes anotaciones y comentarios realizados entre los siglos XVI y XVII.
Estas marcas evidencian que los lectores no solo consultaban los textos. También probaban las recetas y registraban resultados. Al manipular las páginas, dejaron huellas digitales con proteínas y compuestos químicos. Por primera vez, un equipo científico logró estudiar esos restos para comprender cómo se aplicaban las curas en la práctica.
Los investigadores utilizaron discos plásticos especiales que absorbieron proteínas del papel sin dañarlo. Luego aplicaron espectrometría de masa, técnica que permitió identificar cadenas de aminoácidos y reconocer proteínas específicas.
Coincidencias entre recetas y sustancias
El análisis permitió secuenciar 111 proteínas presentes en el manual de Vogtherr. La mayoría correspondía a los propios lectores. Otras coincidían con plantas y animales mencionados en las recetas. Para los científicos, esta relación indica que los tratamientos se preparaban y usaban, y no solo se leían.
Entre los hallazgos aparecieron rastros de haya europea, berro y romero junto a recetas contra la caída del cabello y para estimular el crecimiento de la barba y el pelo. La presencia de estas proteínas sugiere que las instrucciones se seguían con fidelidad.
Tratamientos extremos documentados
Uno de los casos más llamativos se relaciona con una receta que aconsejaba lavar la cabeza con heces humanas para evitar la calvicie. En esa página, los investigadores detectaron lipocalina, proteína asociada a excrementos humanos. El hallazgo apunta a que algunos lectores pusieron en práctica este tipo de tratamiento.
También se identificaron péptidos de colágeno difíciles de atribuir a una sola fuente. Una proteína podía corresponder tanto a caparazones de tortuga como a lagartos. Textos médicos del siglo XVI recomendaban la tortuga para tratar edemas y el uso de cabezas de lagarto pulverizadas para prevenir la calvicie. La proteína apareció cerca de recetas capilares, lo que sugiere experimentación con lagartos.
Otro hallazgo sorprendió al equipo. Se detectaron péptidos posiblemente ligados a hipopótamos junto a recetas para problemas bucales y del cuero cabelludo. En la Europa moderna temprana, estos animales se consideraban exóticos y se creía que sus dientes curaban la calvicie, afecciones dentales graves y cálculos renales. Las marcas indican que los lectores enfrentaban problemas dentales, ya que las recetas para mal aliento, aftas y dientes oscuros figuran entre las más anotadas.
Una nueva mirada a la ciencia doméstica
El equipo considera que este tipo de análisis permite comprender mejor la ciencia doméstica de la era moderna. En etapas posteriores, los investigadores planean examinar otros libros históricos y avanzar en la identificación de lectores individuales a partir de datos proteómicos.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
