Moncholi, cara, voz y letra de la Fiesta Nacional
Hay muertes que no hacen ruido. Pero dejan silencio. Hoy mi corazón roto llora sin hacer ruido.
Miguel Ángel Moncholi ha muerto y, con él, se va algo que hoy escasea: una forma de estar en el periodismo sin estridencias, sin aspavientos, sin ego.
Lo conocí como se conocen los buenos profesionales: en el trabajo. En el respeto. En esa complicidad callada que solo nace cuando alguien escribe desde dentro.
Durante años, Miguel Ángel escribió en ESdiario, el periódico que he dirigido 25 años. Y lo hizo sin pedir nada a cambio. Ni foco. Ni privilegios. Ni atajos. Con entusiasmo.
Escribía porque creía en este oficio. Porque aún pensaba —y lo demostraba— que la palabra podía ser puente y no arma.
Tenía una mirada serena. Nunca agresiva. Jamás impostada. Sincera.
Mientras otros gritaban para existir, él hablaba para entender. Cuando el ruido se adueñaba de todo, Miguel Ángel seguía creyendo en la conversación como acto casi sagrado.
Pero su voz no solo fue palabra escrita. También fue voz e imagen viva. Miguel Ángel fue, durante décadas, la cara y la palabra de la Fiesta Nacional en Telemadrid. Para muchos, la primera forma de mirar los toros sin tópicos ni estruendos.
Contaba la tauromaquia como contaba la vida: con respeto, con emoción contenida, con cultura y sin artificio. Sin gritar. Sin teatralizar. Sin reducir la tradición a consigna.
Era, probablemente, el mejor periodista taurino de su generación. Para mí, desde luego. Porque entendía el toreo no como espectáculo, sino como lenguaje. No como farándula, sino como rito.
Y lo hacía con la misma elegancia con la que escribía: sin ponerse por delante de la historia, sin robar protagonismo a nadie.
Miguel Ángel no fue un personaje. Fue una persona. Amigo de todos. Y eso se nota cuando ya no está.
Nos deja su trabajo, sí. Pero, sobre todo, nos deja su forma: esa mezcla de dignidad, templanza y humanidad que no se aprende en ninguna facultad.
Hoy el periodismo es más pobre. Y nosotros nos quedamos más solos.
Gracias, Miguel Ángel, por tanto silencio honesto. Por tus palabras claras y limpias. Por no haber traicionado nunca lo esencial.
Descansa en paz.
