No entres en pánico por una recesión
La economía de Estados Unidos ha vivido algo parecido a una era “A través del espejo” durante los últimos años: nada es lo que parece. En materia de inflación y mercado laboral, ha habido una desconexión curiosa entre la experiencia cotidiana de la gente y los datos. En varios momentos, los indicadores clásicos de recesión han encendido alertas. La legendaria curva de rendimientos —que sigue los bonos del Tesoro estadounidense y ha anticipado correctamente todas las recesiones desde la década de 1970— se invirtió en 2022, y la regla Sahm (una fórmula basada en la tasa de desempleo) se activó en 2024. Pero, una y otra vez, la economía ha esquivado obstáculo tras obstáculo, como el apurado conejo de Alicia.
Volvió a ocurrir este año. Las preocupaciones por una recesión alcanzaron su punto máximo poco después del llamado “Día de la Liberación”, en abril, cuando el presidente Donald Trump anunció una batería de aranceles que desordenó los planes de comercio e inversión de las empresas. La encuesta mensual de economistas de Bloomberg mostró que la expectativa de una recesión en el año siguiente saltó al 40 por ciento tras el anuncio, desde el 20 por ciento que se registraba alrededor del Día de la Investidura. Pero luego las acciones estadounidenses repuntaron con fuerza, las empresas del Fortune 500 siguieron acumulando ganancias récord y la IA impulsó tal frenesí en la construcción de centros de datos que comenzó a hablarse de que el país atraviesa otra revolución industrial (la cuarta, por si ya perdiste la cuenta).
Sin embargo, mientras algunos segmentos de la economía crecieron de forma notable en 2025, otros mostraron una debilidad inquietante. La contratación se estancó, el mercado inmobiliario permaneció en un congelamiento profundo, la inflación empezó a repuntar y las expectativas de los consumidores se deterioraron (aunque siguieron gastando). Como observó Alicia durante sus recorridos por el País de las Maravillas: “¡Qué desconcertantes son todos estos cambios! Nunca estoy segura de lo que voy a ser de un minuto a otro”.
A medida que avanzamos hacia 2026, surgen las preguntas: ¿hacia dónde se dirige esta economía? ¿Podrá mantenerse a raya, una vez más, a la Reina Roja de la recesión?
“Creo que lo más probable es que atravesemos 2026 sin una recesión”, dice Mark Zandi, economista en jefe de Moody’s Analytics. “Pero no puede salir nada mal. Nada. Estamos prácticamente al límite”. Moody’s estima el riesgo de una recesión en 2026 en alrededor del 42 por ciento. Zandi señala que, en una economía sana, esa cifra suele rondar el 15 por ciento. Los analistas consultados por Bloomberg también se muestran cautelosamente optimistas: prevén un crecimiento del producto interno bruto del 2 por ciento y una probabilidad de recesión del 30 por ciento.
Ese panorama económico se sostiene sobre cuatro pilares: el mercado laboral, la inflación, el consumidor y la inteligencia artificial. Si cualquiera de ellos falla o se mueve en la dirección equivocada, advierte Zandi, “estamos fritos”.
○ El mercado laboral
“¡No hay lugar para mí aquí!… ¡Estoy atrapada y no sé qué hacer!” —Alicia
El mercado laboral pasó gran parte de 2025 en una especie de tensa calma. Los datos más recientes muestran desempleo y despidos cerca de mínimos históricos, pero la contratación también se encuentra en su nivel más bajo en décadas, una combinación muy poco habitual. Normalmente, cuando la contratación cae, los despidos aumentan, y viceversa, explica Daniel Zhao, economista en jefe del sitio de búsqueda de empleo Glassdoor. Pero el estancamiento ha persistido y ha sido muy duro para los trabajadores. “Se sienten atrapados”, dice. “Para quienes no tienen empleo, es difícil encontrarlo. Para quienes sí lo tienen, muchos sienten que no pueden pedir un aumento o un ascenso, porque están totalmente concentrados en conservar su trabajo”.
Zhao espera que en 2026 se produzca algún tipo de movimiento, aunque señala que aún no está claro —en parte por el retraso en la publicación de datos oficiales provocado por el cierre del gobierno— si eso se traducirá en un repunte de la contratación o en un aumento de los despidos. Hacia donde se incline el mercado laboral, probablemente arrastrará consigo al resto de la economía.
○ Inflación
“Hay que correr todo lo que puedas para quedarte en el mismo lugar” —La Reina Roja
En abril, los aranceles de la Administración Trump lanzaron una gran bola curva a empresas y países enteros. Muchos economistas predijeron un desastre, temiendo que los gravámenes obligaran a los importadores a subir precios y forzaran a las compañías a recortar inversión y contrataciones para proteger sus márgenes. Pero, hasta ahora, esos pronósticos sombríos no se han materializado. “La economía es más resiliente de lo que muchos economistas esperaban”, afirma Daryl Fairweather, economista en jefe de la firma inmobiliaria en línea Redfin. Aun así, no se declara optimista. “La verdad es que estoy bastante triste por el estado de la economía”, dice. “Imagina lo fuerte que podría ser, cuánta gente estarían contratando las empresas, si no tuviéramos todos estos vientos en contra”.
Aunque los aranceles no paralizaron la economía como Fairweather temía inicialmente, sí le colocaron un pesado lastre. Al presionar al alza la inflación, obligaron a la Reserva Federal a recortar las tasas de interés más lentamente de lo que habría hecho de otro modo. Fairweather estima la probabilidad de una recesión en 2026 en torno al 33 por ciento.
Mientras tanto, el arrastre económico de los aranceles parece destinado a aliviarse en 2026: muchos de los gravámenes de Trump se han reducido o pospuesto, se han concedido innumerables exenciones y la Suprema Corte de Estados Unidos podría fallar para eliminar gran parte de esos impuestos a la importación.
○ El consumidor
“Me temo que no puedo explicarme, señor, porque ya no soy yo misma, ¿ve?” —Alicia
El consumidor ha sido durante mucho tiempo la viga de carga de la economía estadounidense: comprar cosas representa cerca del 70 por ciento del PIB. A lo largo de 2025, el gasto de los consumidores se mantuvo fuerte, pero con una advertencia inquietante: el 10 por ciento más rico de los consumidores genera ahora casi la mitad de todo el gasto en Estados Unidos, según Moody’s Analytics.
“Creo que la mitad inferior de la economía ya está, en cierta medida, en recesión”, dice Evan Sheehan, líder del área de productos de consumo en Deloitte, lo que coloca a la economía estadounidense en una posición precaria. Un riesgo importante es que los hogares que se sienten holgados porque sus carteras bursátiles han aumentado de valor en los últimos años recorten de golpe su gasto si se produce una corrección del mercado.
○ Inteligencia artificial
“Aquí estamos todos locos” —El Gato de Cheshire
Sin duda, la IA fue el motor que impulsó la economía de 2025, y también a los mercados. Los llamados Siete magníficos—Alphabet, Amazon.com, Apple, Meta Platforms, Microsoft, Nvidia y Tesla—, todos muy involucrados en la IA, representan ya más de un tercio del valor total del S&P 500. Esto inquieta a Mark Zandi, economista en jefe de Moody’s Analytics. “Parece que nos estamos pasando de rosca”, dice. “El mercado depende demasiado de la IA y, por lo tanto, es muy vulnerable”.
Aun así, por ahora la promesa de la IA está impulsando la expansión empresarial, las startups e incluso, según Fairweather, sosteniendo al sector de la construcción mediante la edificación de centros de datos. Mientras esa promesa se mantenga, afirma Zandi, la economía también lo hará. “Pero estamos en una situación muy frágil”.
¿Traerá el 2026 una recesión? Las señales apuntan a que no. Mientras los fundamentos se mantengan y los inversionistas conserven la calma, las probabilidades jugarán a nuestro favor otro año más. O, como explicó Tweedledee a Alicia: “Si así fuera, podría ser; y si lo fuera, sería; pero como no lo es, no lo es”. A mí me suena bastante a un pronóstico económico.
Lee aquí la versión más reciente de Businessweek México:
