Mbappé, con
Ancelotti en el banquillo y ante el
Betis, marcó de penalti el día que se estrenó como goleador en la Liga. Su primer tanto con
Xabi Alonso como entrenador del
Real Madrid fue de penalti, en una jugada polémica contra
Osasuna. El primero gol con
Arbeloa al mando también fue desde el punto de penalti, ante el
Levante. Casualidad o no, el escenario siempre ha sido el mismo: el
Bernabéu. Cambian los rivales o los porteros, pero el patrón se repite.
Mbappé es un buen ejecutor de penas máximas, pero no es infalible. Hasta hoy, ha transformado 63 y ha fallado 14. No hay datos, en cambio, sobre cuántos de estos penaltis los ha provocado él mismo. En esta última jornada, el de
Pedraza en
Villareal parece claro. En el penúltimo, ante el Levante, el teatro de
Mbappé lanzándose hacia la pierna de
Dela es tan bueno que engaña a todos. Es tan sumamente hábil dejándose caer cuando intuye que le van a poner un pie, que pican los árbitros y se las come el VAR. Unos piscinazos que ni
Estiarte. Ya en verano, ese 1-0 ante
Osasuna en el debut liguero de
Xabi,
Mbappé es quien al frenar pisa a
Juan Cruz y cae al suelo. También picó
Cordero Vega. No es una jugada nueva para
Mbappé. Y hay que reconocerle un entrenado arte para saber caer en el momento justo y que, en no pocas ocasiones, parezca lo que no es. El fútbol es de los pillos, pero si el VAR mira para el otro lado y no se atreve a dar marcha atrás, ancha es Castilla.
Mbappé es el mejor goleador del mundo, con permiso de
Haaland o
Kane. Ahora que
Messi ha dejado vía libre, el francés ganará algún día un Balón de Oro, con permiso de
Lamine. No necesita manchar su imagen con jugadas que, con tantas cámaras, a menudo le dejan retratado.
Seguir leyendo...