Dicen en Podemos que los Mossos ya no son tan racistas
Hay un alto cargo del PSOE, una de esas personas del equipo de confianza de Pedro Sánchez, que participa habitualmente en las negociaciones de infarto con los socios parlamentarios y que suele recurrir de manera habitual a una frase: "Hay que ayudarles a virar el transatlántico". Viene a explicar cuando un partido mantiene una posición muy firme y enconada sobre un asunto y el PSOE pretende que esa formación acabe defendiendo prácticamente lo contrario.
Es decir, que virar el buque es una forma más o menos elegante de sugerir que hay que ayudarles a que se la traguen doblada. Y lo curioso es que los socialistas son unos expertos en conseguirlo. Quizá por su capacidad negociadora. O quizá porque tiene mucho Estado que ofrecer y pocas reservas a la hora de hacerlo, lo que en la moqueta del Congreso algunos llaman "capacidad de diálogo y de llegar a acuerdos", otro eufemismo.
Por el motivo que sea, estos días hemos asistido a un nuevo capítulo de este particular "Manual de viraje de transatlánticos para políticos volubles". El Gobierno ha pactado con Podemos la regularización de alrededor de medio millón de personas migrantes. Es verdad que en el PSOE decían en privado que eso no se podía hacer y, al final, resulta que sí se puede. Pero lo más sorprendente ha sido el cambio de opinión que han acabado protagonizando los morados, que gracias al acuerdo con el Ejecutivo ahora se abren a negociar la cesión de las competencias migratorias a Cataluña, algo que hasta hace dos semanas consideraban racista. Conviene hacer memoria.
A mediados del año pasado, cuando las encuestas empezaron a inflar las aspiraciones de Aliança Catalana, un partido independentista y xenófobo que se nutre de exvotantes de Junts, los de Carles Puigdemont agravaron su discurso antimigratorio. Fue la época del reparto de menores migrantes a la carta y cuando el Gobierno y Junts pactaron la cesión a las autoridades catalanas de las competencias en materia de inmigración. Con este tipo de pactos, a Junts le daba para salvar los muebles en su casa, pero surgió un pequeño inconveniente: Podemos se posicionó en contra de la cesión competencia, y su voto era necesario para aprobar la ley orgánica que lo haría posible.
La hemeroteca de entonces pilla con el pie cambiado a cualquiera que esté viendo al Podemos de hoy. En una entrevista en el diario Ara, Ione Belarra dijo (el pasado julio) que para obtener el sí de su formación a ese acuerdo, el Gobierno debería "derogar" la Ley de Extranjería. Según explicó, en esa entrevista y en otras que vinieron después, su formación no veía viable que los Mossos d'Esquadra pudieran ejercer las mismas funciones que ahora ejerce la Policía Nacional. "Por ejemplo, redadas racistas basadas en un perfil étnico", dijo. Hay más: "No vamos a votar un acuerdo racista", "el único motivo por el que Junts y PSOE han aprobado esto es porque hay una pugna racista en Cataluña", "aquí estamos hablando de validar una política migratoria que ya existe en España y de delegar a Cataluña una política que Podemos rechaza", "no vamos a votar un acuerdo racista". Belarra dixit.
Ahora, debe de ser que los Mossos ya no son racistas. Es la única explicación. Porque el articulado de la ley no ha cambiado. Donde antes encajaba el argumento de que una policía racista sustituirá a otra racista y lo que queremos es que la ley no les permita actuar de forma racista, eso, no ha cambiado. De hecho, Junts ya ha dado el primer paso y se ha mostrado abierto a negociar sobre el preámbulo de la ley, donde se vincula la inmigración con los peligros a la identidad, pero no el articulado. Se cambia el envoltorio, pero el núcleo del asunto sigue siendo el mismo.
¿Y qué saca Podemos de todo esto? De momento, parece que vender como propia la regularización de los migrantes, una medida para la que Movimiento Sumar había intentado presionar al PSOE sin éxito. Que un alto cargo de Sumar estuviera paseándose por los pasillos del Congreso esta semana recordando que ellos también son el Gobierno y que forman parte del pacto demuestra que es una victoria morada frente al movimiento (o lo que sea) de Yolanda Díaz, personaje al que Moncloa, por otra parte, reconoce abiertamente que no tiene inconveniente en desgastar.
Pero es una victoria que se puede antojar algo escasa. Porque Podemos no sólo ha virado el transatlántico para pasar de exigir una derogación de la Ley de Extranjería a aceptar una regularización puntual, sino que también ha pasado de hacer la oposición al Gobierno, de decir que está acabado, de sugerir que Pedro Sánchez debería convocar elecciones, a entregarle la llave para que el PSOE se pueda acercar a Junts y el Ejecutivo se pueda mantener hasta 2027, que es el verdadero objetivo de los socialistas cuando se ponen a encajar bolillos.
Quizá lo que pueda pasar en las próximas semanas arroje alguna respuesta. Los partidos que componen Sumar están haciendo su propio debate interno para anunciar próximamente, después de las elecciones de Aragón, su nueva marca. Y en esos comicios también se medirán con Podemos, que concurre por separado, y con quien tendrán que debatir sobre la unidad de la izquierda de cara a las próximas generales. Va a ser cuestión de comparar: qué sucede cuando Izquierda Unida y Podemos van juntos (sucedió en Extremadura y crecieron), versus qué sucede cuando Izquierda Unida y Sumar van juntos, con Podemos por separado (Aragón).
O quizá no hacen falta lecturas tan enrevesadas y Podemos ya se ha acostumbrado a virar el transatlántico sin exigir grandes peajes. Pasó con el embargo de armas a Israel, que era para ellos un "coladero" para poder seguir colaborando con un estado genocida y los morados, aun así, votaron a favor. Quién sabe. Dijeron que iban a seguir exigiendo un embargo total de armas y jamás se volvió a oír hablar de eso. Nuevos pactos, nuevas piruetas argumentales.
