José Antonio Lugo es licenciado en letras francesas, maestro en literatura comparada y doctor en Teorías Estéticas, es autor, entre otros libros, de El maestro y su escriba, Inocente perversión. Mirada y palabra en Juan García Ponce, Afroditas, Evas, Lolitas y Buffet literario: El ensayo de hoy. Con el proyecto Escribe escribano, ganó en 2016 la Bienal Iberoamericana de Diseño. Su nuevo libro, sobre el cual trata esta entrevista, es Silenciar el miedo. Ensayos literarios, prologado por Fernando Solana Olivares y publicado por la editorial El tapiz del unicornio.En su texto introductorio, Solana Olivares dice que en las páginas de este libro “asoman recuerdos de la formación universitaria, años que forjarán el gusto, el saber y la amistad a partir de complicidades literarias, vínculos indisolubles. Y una nutrida nómina de autores, un abundante bosque de voces irradiantes y de obras icásticas, inolvidables”.Además, de los anterior, Lugo se ocupa de temas insoslayables en nuestro tiempo, entre ellos la libertad de expresión, la inteligencia artificial, la cultura de la cancelación.En el prólogo, Fernando Solana Olivares comenta que en este libro usted cuenta su “educación sentimental libresca”.El término proviene de la novela de Flaubert, publicada en 1868. Fréderick Moreau aprende de la vida y de las mujeres y pierde la inocencia. Mi educación sentimental a través de los libros me ha hecho perder la inocencia literaria y abandonar autores que en la adolescencia me atraían y hoy me parecen, simplemente malos. No solo es un tema de rigor en la escritura, sino de los temas y cómo los abordan los distintos maestros de la pluma.Este es libro de un lector. ¿Puede contarnos cómo empieza su pasión por la lectura? ¿Cómo se forma como lector?Empecé con Los tres mosqueteros y sus continuaciones, hasta que llegué a El cuarteto de Alejandría, de Durrell. Por otro lado, de 1981 a 1985 fui ayudante de Juan García Ponce, quien me recomendaba autores para mí desconocidos e incluso me prestaba los libros. Fue una experiencia maravillosa como lector.En Silenciar el miedo escribe en primera persona de sus amigos, de sus maestros, de sus autores predilectos; recuerda lecturas, anécdotas, escenarios, conversaciones. ¿Por qué eligió esta manera de contar? ¿Por qué la primera persona?Bueno, el ensayo, si recordamos al creador del género, Michel de Montaigne, es una manera de compartir amablemente con los lectores lo que uno ha leído o pensado. El ensayo académico pretende demostrar algo, yo quiero compartir mi mirada y lo que me han hecho sentir libros maravillosos. En general, desde siempre, no escribo de lo que no me parece bueno o no me gusta.¿Durante cuántos años se fue haciendo este libro?Aquí están los ensayos que publiqué los últimos dos años en un periódico de Puebla —“Hipócrita lector” — y, cuando abandoné esa columna, lo que he publicado en Morfemacero, el portal de Fernando Solana Olivares. No detecto que sean textos de muchos años, yo no publico jamás lo ya publicado. Quizá para celebrar alguna efeméride; aun así, las ideas podrán ser las mismas pero vuelvo a escribirlas. El proceso de escribir una columna, que un ramillete de columnas conformen un libro y el proceso de edición se llevan su tiempo. Por cierto, Silenciar el miedo está publicado en mi sello editorial El tapiz del unicornio, donde he publicado también a Fernando Solana Olivares, a Eduardo Subirats, a Luis Ignacio Sáinz, a Eusebio Ruvalcaba, a Braulio Peralta, entre otros autores.En su libro, las mujeres tienen una presencia relevante. ¿Cómo seleccionó a quienes aparecen en sus páginas?No escribo pensando si son mujeres u hombres. Mi escritora favorita es Marguerite Yourcenar, que habla maravillas de Murasaki Shikibu y de Selma Lagerlof. Me gusta mucho también Karen Dinesen, la baronesa Blixen. Como me gustan Bulgákov y Durrell.En sus ensayos reflexiona sobre la cultura de la cancelación, la autocensura, la inteligencia artificial… ¿cómo afectan o afectarán, si esto es posible, estos fenómenos de nuestro tiempo la creación literaria?Es la absoluta falta de diálogo. Si no puedo dialogar, destruyo. Es lo que hacen los talibanes con el patrimonio arqueológico mundial, lo que hacen los que avientan sopa Campbell’s a un lienzo con intención de dañarlo, etcétera. Es un signo ominoso de estos tiempos. La destrucción por delante del diálogo. A fin de cuentas, quien ejerce esa “cultura de la cancelación” se considera un juez. Los que no estamos de acuerdo creemos que se trata de comprender, no de juzgar. El que juzga tiene la razón y cree que puede destruir a los que —según esa persona— no la tiene. O destruir sus obras.Por último, uno de sus textos está dedicado a David Toscana, ganador del Premio Alfaguara de este 2026. ¿Qué puede decirnos sobre su literatura?Fuimos jóvenes creadores hace muchos años. Su novela El peso de vivir en la tierra me parece una obra maestra y un homenaje extraordinario a la literatura rusa. Creo que es nuestro mejor novelista. Si sigue así, quizá algún día alcance premios de talla mundial.Silenciar el miedo se presentará el martes 17 de febrero a las 19:00 en la librería del FCE Octavio Paz, Miguel Ángel de Quevedo 115, Chimalistac, con la participación de Aída Lara Zavala, Andrés Ordóñez, Tae Solana y el autor.AQ / MCB