Ansiedad funcional: Perfectas por fuera, agotadas por dentro
¿Ha escuchado el término de ansiedad funcional? La sicóloga clínica Teresita Miranda lo explica.
Se trata de mujeres con las que aparentemente todo va bien. Siempre llegan a tiempo, cumplen con sus obligaciones, sonríen y salen adelante. “Sos increíble, no sé cómo hacés para tanto”, le repiten. Lo que nadie ve es que, cada noche, su cuerpo se desploma y su mente sigue corriendo.
Ese contraste, funcionar perfectamente por fuera mientras se vive una tormenta interna, es la esencia de la ansiedad funcional, una condición cada vez más común entre mujeres jóvenes y adultas, especialmente aquellas con altas exigencias laborales, familiares y personales.
Presión invisible que se normaliza
La ansiedad funcional no paraliza: empuja. Quien la padece no se queda inmóvil, sino que se vuelve más eficiente, más responsable, más perfeccionista. La productividad se convierte en escudo y en mecanismo para evitar que la ansiedad se note.
Lo peligroso es que, al no interrumpir la vida cotidiana, suele pasar desapercibida tanto para los demás como para la propia persona.
Se camina con un nudo en el pecho, se duerme superficialmente, se piensa demasiado… y se sigue.
Aunque no se ve, se siente. Estas son las señales más frecuentes:
- Mente hiperactiva
Pensamientos acelerados, excesiva preocupación por el futuro y dificultad para desconectar.
- Hipereficiencia
Perfeccionismo, autocontrol excesivo, incapacidad para delegar y necesidad de “ganarse el día” todo el tiempo.
- Cansancio al que se acostumbra
Despertar agotada, sentir que nunca se descansa y hasta pensar que su cuerpo no lo necesita. Se empieza a sentir presión en la espalda y el cuello.
- Culpa por descansar
Sensación de estar perdiendo tiempo cuando se intenta pausar.
- Alta funcionalidad aparente
Buen rendimiento laboral, orden, responsabilidad… todo impecable, aun en medio del agotamiento emocional.
La raíz está en el exceso de roles
Para la sicóloga clínica Teresita Miranda normalmente el origen es multifactorial, pero hay una constante: la presión.
“Las mujeres suelen sumar capas de responsabilidad sin cuestionarlas, sienten que deben ser excelentes profesionales, estar disponibles siempre para sus familias, ser las más eficientes de la casa, también deben mantener una buena imagen física y no quejarse porque que si lo hacen sienten que están fallando.
“A eso se añade un fenómeno muy reciente: la autoexigencia digital, esa comparación constante con vidas aparentemente perfectas en redes sociales. El resultado: mujeres que funcionan cada vez mejor… y se sienten cada vez peor”, comenta la sicóloga.
Consecuencias
- Insomnio severo.
- Ataques de ansiedad.
- Problemas digestivos.
- Caída de cabello.
- Irritabilidad constante.
- Sensación de desconexión emocional.
- Burnout.
- Y una profunda desconexión consigo misma.
Cómo bajar el volumen de la ansiedad funcional
“No se trata de dejar de funcionar, sino de dejar de hacerlo desde la exigencia y el miedo. Reducir al menos un 20% de su lista diaria. Lo que salga no es pereza: es salud. También es importante tener microdescansos, aprender a decir “no” y preguntarse ¿estoy haciendo esto por pasión o por miedo?” agrega la sicóloga.
La especialista también recomienda terapia y acompañamiento profesional. La ansiedad funcional es altamente tratable y mejora significativamente con apoyo psicológico.
“Vivir con el corazón en alerta permanente no es normal, sostenible, ni saludable”, dijo Teresita Miranda.
Es momento de que las mujeres que “pueden con todo” se pregunten si quieren seguir pudiendo… de esa manera.
Reconocerlo no es debilidad, es valentía, es autocuidado. Es el primer paso para volver a sentirse bien, de verdad.
