El Museo del Louvre ha anunciado que se va a restaurar la corona de la emperatriz Eugenia del Montijo, una de las joyas afectadas por el histórico robo en el museo parisino el pasado 19 de octubre. Aunque logró escapar del desastre, la corona sufrió «daños de aplastamiento», además quedó deformada de manera considerable. Sin embargo, indicaba este jueves en una nota de prensa el Louvre, «conservó su integridad casi total», lo que ha permitido que pueda ser restaurada. El Louvre ha apuntado que la restauración de va a encomendar a un profesional «acreditado». Se hará, como en el resto de colecciones nacionales, «tras un proceso de licitación». De esa forma, añade el museo, se cumple con «el Código del Patrimonio, la Ley de Museos y el Código de Contratación Pública». La pinacoteca parisina ha expresado además que se van a llevar a cabo una serie de informes técnicos con más detalles acerca del estado de conservación. Dado «el carácter simbólico e inédito de una restauración de este tipo y la notable especificidad del objeto a restaurar», se va a crear un comité consultivo de expertos para guiar en su labor al restaurador que resulte elegido. «Podrán aportar libremente sus consejos sobre las opciones de restauración y la metodología propuesta», ha dicho el museo. En el primer informe que se emitió un día después del robo, se decía que la corona había sufrido una deformación que había sido producida «probablemente» por la tensión que había experimentado «al extraerla de la vitrina a través de la ranura relativamente estrecha». «Esta tensión provocó el desprendimiento de los aros de la corona, uno de los cuales ya se ha perdido en la galería. Posteriormente, un impacto violento probablemente aplastó la corona», añadían. El estudio de octubre indicaba que la joya conservaba «casi todos sus componentes». Tan solo faltaba, de hecho, un águila de oro de las ocho que posee y que se alternan con las ocho palmetas de diamantes y esperaldas. «Por lo tanto, su restauración completa será posible sin necesidad de reconstrucción ni recreación. Simplemente implicará remodelar su estructura», añadían. La corona llegó al Museo del Louvre en 1988. Tal como indica la galería parisina, esta joya es una de las pocas que se conservan de soberanos en Francia, junto a la de Luis XV y la llamada corona de Carlomagno, fabricada en 1804 para la coronación de Napoleón I.