La angustia y la incertidumbre se han apoderado de los vecinos de Grazalema tras el desalojo preventivo ordenado este jueves debido a la inestabilidad del terreno provocada por las intensas lluvias. Alba Castro, una joven de 23 años propietaria de un supermercado Covirán en la localidad, resume el sentir general de un pueblo que ha tenido que dejar atrás sus hogares y medios de vida: «La incertidumbre de no saber si vamos a tener que hacer una vida nueva nos quema por dentro». La orden de evacuación se precipitó sobre las 15.30 horas del jueves. Alba, que se encontraba trabajando con su madre, relata cómo la presencia de las autoridades confirmó la gravedad de la situación. «Al pasar por la plaza vimos que estaban todos los guardias, los bomberos, la UME y también estaba el presidente Juanma Moreno reunido con nuestro alcalde», ha explicado la joven, destacando que en ese momento «la posibilidad era cien por cien clara de que nos teníamos que ir todos». El detonante de la alarma no fue solo la cantidad de agua, sino lo que ocurría bajo el suelo. Eva, propietaria de una tienda de ropa en la zona baja del pueblo, ha descrito unos inquietantes «zumbidos» que comenzaron a sentirse desde el miércoles. «Es como un golpe muy fuerte , es agua en movimiento abajo que imagino que con el aire hace ese ruido», ha detallado. Para los vecinos, la situación resultaba desconcertante, ya que visualmente el caudal parecía haber disminuido respecto al día anterior. «El miércoles cayó mucha más agua que el jueves», ha señalado Alba, coincidiendo con Eva, quien se extrañó de que el desalojo se produjera cuando «ya salía menos agua». Sin embargo, la realidad subterránea era distinta. «Los ruidos que sonaban eran muy fuertes , eran hasta temblores en las casas ; a mí se me encogió el pecho », ha confesado Alba sobre la madrugada del jueves. La evacuación se produjo con celeridad y sin margen para la planificación. «No te dan muchas explicaciones, te dicen 'te tienes que ir de aquí y ya está'», ha lamentado Eva. La instrucción fue tajante: «Déjalo todo abierto y vete». Tanto su tienda como las viviendas quedaron sin cerrar ante la urgencia del momento. «Recoge lo que puedas, yo tengo dos animales, llévatelos y vámonos», fue la reacción inmediata de esta comerciante, que ha encontrado refugio temporal en un terreno en dirección a Ronda. Alba, por su parte, se ha trasladado a El Bosque, a casa de su abuela, mientras su pareja permanece con su familia. Aunque su vivienda, situada en la parte alta, no ha sufrido daños directos por el agua, la preocupación por el negocio familiar y el restaurante de su pareja en la plaza es constante. «Es nuestra vida, nuestro trabajo, lo dejamos todo atrás », ha lamentado. La situación continúa siendo crítica este viernes. Según ha confirmado Alba, el Hotel El Fuerte de Grazalema , situado a las afueras y donde se alojaban algunas personas mayores evacuadas, también ha tenido que ser desalojado esta mañana tras escucharse los mismos ruidos y golpes subterráneos durante la noche. Con la previsión de una nueva borrasca para este sábado que podría dejar otros 200 litros en la zona, el regreso a casa parece lejano . «Esa opción no existe ahora mismo», ha asegurado Alba, quien mantiene la esperanza de que los estudios geológicos descarten un desprendimiento mayor. Mientras tanto, los vecinos de Grazalema aguardan dispersos por la comarca, unidos por el miedo y la espera de noticias sobre el suelo que sostiene sus vidas.