Laura Díez: «Los extremos no ayudan a romper el techo de cristal»
Laura Díez se reconoce afortunada, tanto en el plano personal como en el profesional. A lo largo de su trayectoria ha contado con personas que siempre han creído que su capacidad y su mérito eran exactamente los mismos que los de cualquier hombre.
Sin embargo, los datos demuestran que la igualdad real aún no se ha alcanzado. En el ámbito académico, donde desarrolló buena parte de su carrera, percibió un entorno más proclive a la igualdad.
La exigencia de pruebas objetivas para avanzar en la carrera universitaria contribuye –explica– a reducir la discrecionalidad y a favorecer oportunidades más equitativas. Aun así, la fotografía actual revela que queda mucho por hacer: en su departamento hay cinco catedráticos, cuatro hombres y una sola mujer, pese a que el número de profesoras es mayor que el de profesores.
Díez distingue entre el progreso normativo y la realidad social. «Hemos avanzado mucho en leyes, pero seguimos moviéndonos en estructuras jerárquicas que no siempre cambian al mismo ritmo», sostiene. Ese desfase es, a su juicio, uno de los principales obstáculos. Las mujeres, afirma, continúan en una suerte de carrera añadida para demostrar lo que a los hombres no se les exige de entrada.
Recuerda con nitidez sus primeras conferencias internacionales. Desde el atril observaba auditorios mayoritariamente masculinos que la miraban con cierta displicencia. «Tenía que dedicar los primeros cinco o diez minutos a demostrar que sabía de lo que hablaba», explica.
Cuando compartió esa experiencia con un colega, este le respondió con naturalidad: «Yo, con ponerme una corbata, no tengo que dar más explicaciones». Aquel comentario le hizo entonces tomar conciencia de una desigualdad que, en ocasiones, ni siquiera se percibe mientras se sufre. Incluso mujeres que han contado con apoyos sólidos pueden interiorizar barreras invisibles que pesan a la hora de aspirar a determinados cargos.
En un contexto de creciente polarización, advierte de que los extremos no benefician a nadie y tampoco ayudan a romper el techo de cristal. Hay debates que parecen intocables y, cuando se abordan, se convierten en trincheras ideológicas que impiden avanzar. Su compromiso con el Estado de Derecho ha marcado toda su vida profesional.
Dedicada al derecho constitucional, subraya la importancia de una Constitución que, además de ser la más longeva de la historia democrática española, fue concebida para integrar sensibilidades diversas. Es, dice, un marco en el que «cabe todo el mundo», siempre que el diálogo y la paz sean los principios rectores.
