«Lo mejor que cabe esperar en la mayoría de los artistas actuales que tratan temas cristianos es una especie de misticismo cósmico», dice el sacerdote católico armenio Hovsep Achkarian en el catálogo de 'Faces of Christ' , la colección de arte religioso actual de la Catedral de Toledo de la que una parte destacada puede visitarse en la Catedral de Sevilla hasta el 7 de abril. Lejos de ese pseudomisticismo cósmico abstracto e indefinido, la exposición de 35 pinturas y una escultura mueve al espectador a la contemplación y, quién sabe, si a la oración. Como siempre ha hecho el arte religioso. Cada época refleja una imagen de Cristo como en un caleidoscopio de dos mil años que fuera mostrando cada vez un rostro diferente. Esto, que resulta evidente cuando se contempla de forma diacrónica la historia del arte religioso, parece romperse en nuestra contemporaneidad, como si el interés humano por representar la imagen de Jesús de Nazaret hubiera quedado interrumpido, relegado a hermosos ejemplos del pasado que nada pueden decirle al hombre de hoy. Sevilla, cuna de la mejor imaginería de madera policromada de la historia cuyos modelos se siguen repitiendo en nuestros días, acoge durante toda la Cuaresma una singular selección de obras de arte contemporáneas a propósito del rostro de Cristo, como una interpretación en el siglo XXI de 'El expolio' del Greco que guarda la catedral primada de Toledo, este año de aniversario por su octavo centenario. Se trata de una muestra imprescindible no ya por la calidad de las obras que el cabildo catedralicio hispalense ha seleccionado y el renombre indiscutible en el arte religioso de los creadores incluidos sino por las posibilidades artísticas y catequéticas que descubre. Los canónigos han acondicionado el antecabildo, el patio paredaño y la sala hipóstila aneja para colgar una parte de la colección de arte contemporáneo que atesora la Catedral de Toledo y que ha decidido iniciar una itinerancia como medio de divulgación de la fe. Luego pasará por Pamplona y Barcelona. Toledo se ha convertido en sede semipermanente de la colección de Steen Heidemann, un arquitecto danés especializado en gestión de exposiciones artísticas converso al catolicismo, empeñado en revivir el arte cristiano como 'via pulchritudinis' para el acceso a Dios. Ni más ni menos que lo que hicieron artistas de todas las épocas por encargo de la Iglesia, el primer comitente de arte durante siglos hasta que el mecenazgo aristocrático o regio primero y el mercado con sus caprichosas reglas del juego dictadas por la moda o el capricho le arrebataron su papel. Por eso, 'Los rostros de Cristo' es, antes que nada, una actualización, el tan repetido 'aggiornamento' del concilio, del arte religioso, cuyas potencialidades expresivas son extraordinarias. Como se puede leer en el catálogo general, «que la iniciativa de esta colección contribuya a reavivar la antorcha del arte cristiano , tan importante cuando la mayoría de los mensajes se perciben hoy a través de imágenes visuales». Se abre con una versión de Helene Legrand de 'El expolio' , ante el que el espectador le cuesta desviar la mirada del hipnótico manto rojo púrpura de Cristo. Legrand es la decana del arte religioso contemporáneo y varias obras suyas aparecen en la exposición. Asidua de los estudios de fenomenología, ha tenido en el filósofo Merleau-Ponty una de sus fuentes de inspiración . Suya es la cita que encabeza la página web de la artista: «Me resultaría difícil decir dónde está el cuadro que miro. Porque no lo miro como se mira un objeto; no lo fijo en su lugar. Mi mirada vaga por él como en el nimbo del Ser; veo según él o con él, en lugar de verlo sin más». Así, los cuadros de la exposición invitan a orar con ellos más que a una mera contemplación de pasada, tan habitual entre el público de los museos. Imposible no detenerse ante el vientre de una gestante bajo un potente foco de luz mientras unas manos masculinas abrazan la gravidez del claustro materno. El título saca de dudas: 'Dios bendice al niño que está por nacer', original de la francesa Hélène Legrand, cedido por el museo de Lahti en Finlandia. Es el rostro del Dios engendrado pero aún no nacido. En la muestra se repiten varios nombres de primer orden en el arte religioso contemporáneo además de la mencionada Legrand, como el polaco-bielorruso Sergei Szemeit , el brasileño Sergio Ferro , el malagueño Raúl Berzosa , la cordobesa María José Ruiz , el estadounidense James Langley o el italiano Antonio Ciccone , todos moviéndose en el plano figurativo huyendo de la abstracción, «sin objetividad ni fundamento teológico». Se exponen también dos dalís , 'La coronación de la Virgen' y 'La Anunciación', en la que el arcángel Gabriel se convierte en ventana a través de la cual la sombra del Espíritu Santo cubre a María en Nazaret para la Encarnación del Hijo de Dios. Son muchos y variados los aspectos que se presentan a la contemplación, como una invitación al recogimiento y el silencio interior . Así, la lectura que hace Legrand de la lanzada, la expiración y el descendimiento de Cristo en su obra 'Aurora' incorpora elementos oníricos sin olvidar las referencias al cuerpo lacerado del Señor y su corazón traspasado. La capacidad de sugerir conceptos mistagógicos relativos al memorial del sacrificio redentor y la presencia real y verdadera del cuerpo de Cristo en el banquete eucarístico consigue composiciones muy logradas en las que se revisitan las verdades doctrinales de la fe con lenguaje pictórico contemporáneo como en el impresionante 'La eucaristía', en el que Hélène Legrand funde los planos de la hostia consagrada y los rostros de Cristo. O el pequeño lienzo de 'Cristo tentado en el desierto' del estadounidense Neilson Carlin en el que a simple vista solo se aprecia un primer plano lateral de Cristo, tocado con el talit ceremonial blanco en un paisaje irreconocible con un crepúsculo de fondo. Visto de cerca, se observan tres moscas que el espectador puede fácilmente categorizar como insidiosas, posadas sobre los pliegues del manto por encima de la cabeza. Es una forma de representar las tres tentaciones del desierto o los tres enemigos mortales del alma, los sempiternos mundo, demonio y carne que conspiran sin descanso contra la salvación del hombre. Un hallazgo, sin duda, del artista norteamericano que da pie a orar con el arte como el equivalente a la 'lectio divina' que desvela el misterio contenido en la Palabra. Las posibilidades de lectura artística son infinitas sin salirse de la ortodoxia del dogma. De hecho, la única objeción que puede plantearse es que no se haya asumido un mayor riesgo a la hora de poner a dialogar el arte contemporáneo con el imperecedero que está representado en la Catedral de Sevilla con tanta excelencia. Tal vez sea un atrevimiento que iría más allá de lo que el público sevillano -tan pazguato en su concepción del arte actual- pueda llegar a admitir, pero este cronista sueña con el diálogo entre el crucificado muerto cabizbajo de 'INRI' de Sergio Ferro y el Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. Nos dirían tanto el uno del otro…