¿Dignidad o desempleo? El decreto que divide a la tauromaquia
El tablero de la tauromaquia vuelve a sufrir una sacudida institucional que, esta vez, busca ser definitiva. El Gobierno ha aprobado un real decreto que modifica el Reglamento de Espectáculos Taurinos para blindar la prohibición del toreo cómico, cerrando cualquier resquicio legal que permitiera su celebración. Bajo el argumento de proteger la dignidad de las personas con discapacidad, el nuevo articulado impide de forma taxativa la autorización de festejos que, a juicio del Ejecutivo, supongan una mofa pública. La medida no es solo simbólica: las sanciones por desobedecer este mandato se sitúan en una horquilla económica que oscila entre los 600.000 euros y el millón de euros, una cifra diseñada para disuadir cualquier intento de organización.
Esta ofensiva legislativa, impulsada desde el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, choca frontalmente con la realidad profesional de quienes habitan el ruedo desde una estatura diferente. Para los artistas, no se trata de una cuestión de decoro institucional, sino de un ataque directo a su derecho al trabajo y a la libertad individual. Sorprende la insistencia gubernamental cuando todavía resuena el eco de la sentencia dictada por un juzgado de Málaga hace poco más de un año. Aquel fallo judicial dio la razón a la empresa África Taurina S.L. frente a la prohibición de un festejo en Cortes de la Frontera, reconociendo explícitamente que estas actividades son legítimas y dignas.
La contradicción entre la calle y el despacho se hizo evidente el pasado mes de abril a las puertas de la plaza de Las Ventas. Cuadrillas históricas como "Diversiones en el ruedo" o "Popeye Torero" se concentraron para reivindicar su identidad profesional bajo lemas que pedían respeto e igualdad de oportunidades. Para estos profesionales, la verdadera discriminación no reside en el aplauso del público, sino en una normativa que les impide ejercer el oficio que han elegido libremente. La paradoja es servida: en nombre de la inclusión social, se prohíbe el medio de vida de un colectivo que se siente más juzgado por el legislador que por el espectador que paga su entrada.
El blindaje del Gobierno ignora que, para muchos de estos artistas, el toreo cómico es una tradición familiar y un espacio de realización personal donde la mofa es sustituida por el reconocimiento artístico. Al tipificar estas prácticas como infracciones muy graves, el real decreto no solo castiga la actividad, sino que estigmatiza una forma de vida que ha sobrevivido durante décadas en los pueblos de España. La lucha judicial se prevé larga, ya que los afectados no parecen dispuestos a aceptar una tutela que consideran arbitraria y que, en la práctica, les condena a la invisibilidad laboral bajo el pretexto de una supuesta protección de su propia dignidad.
Desde el punto de vista del Derecho, el conflicto es de hondo calado: ¿puede el Estado prohibir una actividad profesional lícita alegando una sensibilidad colectiva por encima del deseo individual de quien la ejerce? Los enanos toreros han demostrado en múltiples ocasiones que su voluntad es seguir en la arena, defendiendo que la diversidad también se celebra permitiendo que cada cual elija su destino. Sin embargo, la nueva redacción del artículo 90 del Reglamento de Espectáculos deja poco margen a la interpretación, otorgando a la autoridad gubernativa la potestad de denegar cualquier permiso basándose en conceptos tan subjetivos como la "mofa" o la "denigración pública".
El futuro de estas cuadrillas queda ahora en un limbo de multas millonarias y recursos ante los tribunales. Mientras el Gobierno celebra lo que considera un avance en derechos sociales, los artistas de "Popeye Torero" y sus compañeros ven cómo se les cierra la puerta del que ha sido su escenario natural. La polémica está lejos de extinguirse, pues lo que está en juego no es solo un tipo de festejo taurino, sino el límite de la intervención del Estado en las decisiones más personales de sus ciudadanos. El 28 de febrero, paradójicamente, será un día de reflexión sobre qué significa realmente la libertad en una sociedad que, a veces, prohíbe para proteger.
