No es una biografía, sino más bien un fogonazo a la relación de Elvis Presley con el público, con sus actuaciones en directo, con su música y sus músicos. Tras su vuelta del servicio militar y una insatisfactoria dedicación al cine durante los años sesenta, Presley añoraba los conciertos y los escenarios y en 1969 se parapetó en el recién inaugurado International Hotel de Las Vegas para actuar ante algo más de dos mil personas. Entre ese año y 1976 ofreció allí 641 conciertos, el último de ellos fue en diciembre de 1976, pocos meses antes de su muerte. Existe muchísimo material de archivo y grabaciones de aquella primera presentación, y también de sus ensayos, preparaciones y confesiones a cámara y a la prensa de cómo se sentía y lo que quería hacer. Materiales que ha escogido y trabajado el director Baz Luhrman para hacer este fantástico acrónimo, EPiC, es decir, Elvis Presley in Concert . Luhrmann conoce y quiere a Elvis, y con ese título hizo la película biográfica que protagonizó Austin Butler; es un director 'nervioso' y recoge toda esa excitación con el estilo del cantante en el escenario y con un montaje fibroso y exaltado. Todo el mundo conoce a Elvis Presley y muchos lo adoran y añoran, y aquí se encontrarán con el mejor posible, treintañero, bailón, aún por engordar y con esa voz redonda y que se iba a buscarla muy lejos para traerla a la sala tajante, llena de tintes y coloraciones, indignada, seductora, malherida… Una voz que mejoraba el rock y que le hacía nacer afluentes al góspel o al blues y que convertía en nuevas las canciones de los Beatles. Todo eso lo recoge Luhrmann en esta película y también todos los detalles de su rostro, pronto trágico, la línea húmeda del sudor, la sonrisa de medio lado y la picardía en los ojos. Simpático, cariñoso con sus fans, incluso besucón, ingenioso en sus diálogos en escena, su lugar de batalla en el que perdía más de dos kilos por actuación, hasta que dejó de perderlos. Todas sus virtudes están aquí visibles y también algunos de sus 'defectos' o rasgos más llamativos de su personalidad y estilo, como ese gusto por los destellos, los colores imposibles y los colgajos rutilantes al vestirse para la ocasión. No es necesario ser 'fan' de Elvis para apreciar el retrato de la estrella, aunque lo disfrutará más quien lo sea.