Crítica de 'Wicked, el musical': Los oscuros secretos de Oz ★★★☆☆
Libreto: Winnie Holzman. Música y letras: Stephen Schwartz. Dirección escénica: David Serrano. Dirección musical: Joan Miquel Pérez. Interpretación: Cristina Picos, Cristina Llorente, Guadalupe Lancho, Lydia Fairen, Javier Ibarz, Xavier Nogales… Nuevo Teatro Alcalá, Madrid.
No hay como saltar de vez en cuando al cine para que a alguien le hagan un poco de caso o, si ya se lo hicieran, para que todo gire en torno a él por un tiempo. Eso es lo que parece que está pasando con Stephen Schwartz -a la vejez, viruelas-, después del reciente estreno en la gran pantalla de la adaptación de su obra musical ‘Wicked’, estrenada en Broadway en 2003 y basada en una novela escrita en 1995 por Gregory Maguire que a su vez se inspiraba en el famoso universo de Oz que creó Lyman Frank Baum y que dejó plasmado en 14 libros, publicados entre 1900 y 1920. Seguro que no es casualidad que, después de ese estreno cinematográfico, coincidan en la cartelera madrileña durante meses dos obras de Schwartz: la mencionada ‘Wicked’ y ‘Godspell’.
La primera, que es la que aquí nos ocupa, cuenta, a modo de "spin-off" y de precuela, antes de que Dorothy llegase a la tierra de Oz, la relación entre Glinda, la supuesta Bruja Buena del Sur (o del Norte, según la versión), y Elphaba, la supuesta Bruja Malvada del Oeste. Digo “supuestas” porque precisamente la obra se constituye como una suerte de alegato a favor de los actos nobles, independientemente de la repercusión y la fama que puedan granjear, y en contra del prejuicio, la cobardía y la difamación. La idea, desde luego, es interesante sobre el papel; lo que pasa es que literaria y dramatúrgicamente, en el libreto de Winnie Holzman, se desarrolla de una manera bastante tontorrona e infantil, no ya para un público adulto, sino para los niños mayores de 8 años para los que también está recomendado el espectáculo. Sin tener la sensibilidad lírica ni la contundencia épica que sí tienen otras composiciones de Schwartz, es la música, en cualquier caso, lo más destacado de una producción resuelta con eficacia y pragmatismo, sin excesiva pompa, por un equipo artístico en el que hay grandes profesionales como el vestuarista Antonio Belart o el iluminador Juan Gómez-Cornejo.
En la dirección escénica, David Serrano se apoya con inteligencia en lo mejor que tiene, que es, como digo, la partitura, y monta algunas escenas bastante lucidas merced a un elenco más que correcto en esa faceta musical y dentro del cual cabe destacar, por tener mayor protagonismo, a Cristina Picos, Cristina Llorente, Guadalupe Lancho o Javier Ibarz.
- Lo mejor: La música original y el equipo de buenos profesionales que levanta el proyecto.
- Lo peor: La mediocre sonorización, quizá motivada por la propia acústica del recinto, y el infantilismo del libreto.
