Entre claraboyas y palmeras: una pausa con historia en el H10 Urquinaona Plaza
Llegar hasta la imponente entrada del H10 Urquinaona Plaza es penetrar en un lugar donde es obligado enseguida levantar la vista hacia una claraboya que recupera la respiración original del edificio. El inmueble, de finales del siglo XIX, mantiene la compostura novecentista en fachada y una elegancia interior extraordinaria. No hay más que ver el atrio central, desde el que se sube a una galería de habitaciones en vertical y desemboca en la reproducción de la claraboya histórica; asimismo, la escalinata de mármol de Carrara y la barandilla de forja restaurada conducen a las plantas superiores con gran solemnidad.
Las 75 habitaciones, luminosas y de techos altos, apuestan por una paleta clara que amplifica la luz natural. La tecnología integrada con discreción mantiene el nivel de sofisticación y modernidad, dialogando con la arquitectura artística. Hay de todo tipo, pero destaquemos, en la planta superior, las Junior Suites con terraza y jacuzzi, las cuales añaden una dimensión privada al viaje urbano, con vistas al patio interior típico del Eixample.
La propuesta gastronómica se articula en dos espacios complementarios. El restaurante Novecento resuelve el desayuno con un buffet amplio y bien estructurado, donde conviven platos calientes, repostería y zumos naturales. Es un comienzo eficaz para el día, pensado tanto para el viajero de ocio como para el profesional que agenda reuniones.
Restaurante L’Olivera
Más personal resulta la carta del Bar L’Olivera, en que trabaja con tanta eficacia como simpatía Eduardo Díaz, que lleva casi diez años vinculado al hotel, y por lo tanto está acostumbrado a visitantes de los cinco rincones del mundo que gozarán de la comida que sirve sin duda alguna. Su carta combina clásicos reconocibles, como las croquetas de jamón ibérico o el pan de coca con tomate, con guiños locales como los crujientes de langostino con romesco. Las ensaladas, ligeras y actuales, conviven con platos principales donde se alternan referencias mediterráneas y opciones internacionales: pulpo a la plancha con parmentier de patata, rigatoni con pesto o wok de fideos de arroz con pollo y salsa yakisoba. Las hamburguesas de Angus, con combinaciones que incluyen Brie o Gruyère, confirman una vocación cosmopolita.
El Jardí, en el patio interior presidido por una palmera y un jardín vertical, introduce una pausa inesperada en pleno centro. Es un espacio que traduce la lógica del Eixample a escala íntima: tras la retícula urbana, aparece un corazón verde donde el tiempo se desacelera. En la azotea, la terraza Lluna con «plunge pool» abre otra perspectiva sobre Barcelona. Desde allí, los tejados y cúpulas dibujan un perfil reconocible, y el atardecer encuentra un escenario propicio para el ritual del cóctel estival.
Con dos salas de reuniones con luz natural y acceso directo al jardín, el hotel completa su perfil híbrido: histórico sin rigidez, contemporáneo sin estridencia. En el H10 Urquinaona Plaza, a un paso de las Ramblas, el Paseo de Gracia o Plaza Cataluña, en pleno meollo barcelonés, confluyen trayectorias cotidianas y rutas turísticas, y este edificio restaurado ofrece algo menos evidente que la ubicación estratégica: una experiencia donde la arquitectura sostiene la estancia y la ciudad entra, sin ruido, por la claraboya.
