No hacía falta el debate de este jueves en TV3 para saberlo, pero acabó de quedar claro: los dos candidatos a la presencia del Barça no son Víctor Font y Joan Laporta , sino Laporta y los que le odian. Laporta estuvo más pasado de vueltas y populista que nunca, se le vieron todos los trucos, todas las trampas, todas las mentiras; pero Font fue incapaz de ponerlo ante sus contradicciones, ante su escandalosa demagogia, y el presidente -o expresidente, como tanto le gusta subrayar al candidato- se escapó de todas sin despeinarse. Fue el peor debate de Laporta, que recurrió al insulto sin argumentos en casi todas sus respuestas, o a la más ramplona repetición de eslóganes vacíos y además falsos. Jan estuvo nervioso, impreciso, no hubo nada ilusionante en su discurso, ni siquiera un vacile gracioso como los que a veces se saca de la manga y desarma a todos. Font lo intentaba pero no daba para más. Sus propuestas eran poco claras, y cuando se lograba hacer entender, lo que decía parecía y de hecho era totalmente innecesario. No se atrevió a entrar de cara al «expresidente» por la corrupción y cuando decía que quería echar a Deco parecía marciano. No presentó ninguna alternativa creíble ni mejor de lo que el Barça hoy hace y es. El principal enemigo de Laporta fue él mismo, y él mismo será el que motive la práctica totalidad de los votos el domingo: tanto los que sean en su favor como los que sean en su contra, aunque por mera formalidad democrática estos últimos irán a parar al señor Font. Laporta -y sobre esto su rival tendría que reflexionar- demostró que no es invencible, que como líder arrollador está averiado y hasta puede que agotado; y la sensación fue que a pesar de Flick y la aparente buena marcha del primer equipo, con un rival más competitivo, y más capaz como candidato, habría tenido serias dificultades para revalidar el cargo.