Austria no es Alemania. Parece una perogrullada, pero más de un austríaco se apresuró a dejarlo claro durante nuestro recorrido por Salzburgo y Saint Gilgen, un pueblecito cercano de los Alpes rodeado de lagos y montañas. Austria –aseguran– tiene una personalidad propia, una forma particular de entender la vida y una tradición cultural que ha dado al mundo genios tan brillantes como excéntricos, de Mozart a Freud o Stefan Zweig. También tiene una gastronomía más refinada y delicada que la de algunos países vecinos:
una cocina vinculada a la vida campesina y a los productos de montaña, pero atravesada por la herencia imperial y por esa veneración centroeuropea por las tartas, los cafés y las cosas bonitas.Leer más
]]>