Promover estudiantes hoy para frustrar profesionales mañana
Costa Rica vive una contradicción educativa cada vez más difícil de ignorar. Mientras el propio Ministerio de Educación Pública (MEP) reconoce enormes rezagos en el aprendizaje, el sistema registra simultáneamente algunos de los niveles de aprobación más altos de su historia reciente.
Los datos son contundentes. Según el MEP, apenas dos de cada diez estudiantes alcanzan niveles avanzados en Matemáticas en las evaluaciones diagnósticas recientes. Las universidades, por su parte, reportan crecientes dificultades en la comprensión lectora, la escritura y el razonamiento matemático entre los estudiantes de primer ingreso. Y el Estado de la Educación ha advertido de deterioros importantes en los aprendizajes.
Pero, al mismo tiempo, cada vez más estudiantes pasan de año y se gradúan. En una columna anterior, señalé que Costa Rica pasó de tener un 60% de jóvenes de entre 18 y 25 años con secundaria completa en 2020 a cerca del 75% en la actualidad. Ese avance podría ser una excelente noticia si estuviera acompañado de mejoras reales en el aprendizaje.
El problema es que cada vez hay más señales de que ambos fenómenos no avanzan al mismo ritmo. De hecho, el propio ministro de Educación lo reconoció recientemente al afirmar: “No puedo engañar al estudiante diciéndole: ‘Usted pasó sin saber’”. La frase es importante porque refleja una preocupación legítima: promover estudiantes sin garantizar aprendizajes mínimos termina trasladando el problema a las universidades, al mercado laboral y, eventualmente, a los propios jóvenes. Ahí está el verdadero riesgo.
Flexibilizar los estándares puede mejorar temporalmente los indicadores de promoción, pero no necesariamente las capacidades reales de los estudiantes. Y cuando el sistema educativo deja de corregir rezagos acumulados, esos vacíos simplemente se trasladan a etapas posteriores de la vida.
La inclusión educativa no consiste únicamente en evitar que los estudiantes repitan. También implica garantizar que, efectivamente, aprendan. De lo contrario, el país corre el riesgo de construir un espejismo estadístico: más títulos, más graduados y aprobados, pero sin que eso necesariamente refleje mejores competencias para enfrentar la universidad, el empleo o la vida adulta.
Promover sin recuperar los aprendizajes no elimina el rezago. Solo lo desplaza hacia adelante.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
