Mikel Oyarzabal se acercó al centro del campo para ser el primero en tocar el balón contra Arabia Saudí, quería sacarse de encima la estadística del debut ante Cabo Verde, donde sumó 30 largos minutos sin tocar balón. Era una estadística que pesaba como una losa, repetida durante días por increíble y definitiva. E
n 23 minutos, el delantero de la Real Sociedad había marcado dos goles y había dado la asistencia a Lamine Yamal para que marcase su primer gol mundialista y desplegara todas las celebraciones que había pensado; se arrodilló Lamine, levanto los brazos en señal de reverencia hacia el dios que profesa, besó el césped y dibujo el ‘304’ de su Mataró de vida. Lamine y su cinta mundialista ordenando los rizos, con Adidas y el escudo de España, todo bien estudiado.
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