Los incendios, cada vez más extensos por la «pérdida de capacidad de ataque»
Los incendios que mantienen en vilo a media España han vuelto a poner de manifiesto una realidad que preocupa cada vez más a los expertos: llega un momento en el que los equipos de extinción apenas pueden hacer frente a las llamas y la evolución del fuego depende principalmente de las condiciones meteorológicas. Menos calor, una bajada del viento o un aumento de la humedad pueden marcar la diferencia.
En los grandes incendios llega un punto en el que ni aviones, ni helicópteros, ni efectivos consiguen frenar las llamas. Los especialistas lo llaman una «pérdida de capacidad de ataque»: los dispositivos dejan de intentar apagar el incendio y concentran sus esfuerzos en proteger a la población, las viviendas y las infraestructuras críticas. Es entonces cuando todas las miradas se dirigen al cielo, porque cualquier variación en el calor, el viento o la humedad abren una «ventana de oportunidad».
«Durante el día son incontrolables». Así de rotundo se muestra Carlos Madrigal, decano territorial de la Comunidad de Madrid del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, quien explica que los medios de extinción solo pueden actuar con eficacia cuando el comportamiento del fuego disminuye, algo que suele ocurrir si las condiciones meteorológicas dejan de ser extremas. Mientras eso no sucede, asegura, las maniobras son principalmente defensivas para evitar que las llamas alcancen municipios o zonas habitadas.
El experto recuerda que estos incendios han coincidido con temperaturas superiores a los 40 grados, humedades relativas cercanas al 10% y un episodio de viento intenso, una combinación que favorece una propagación muy rápida. A ello se suma la continuidad de las masas forestales en amplias zonas de Madrid y Ávila, que permiten a las llamas avanzar sin barreras naturales. «Hasta que no cambien las condiciones meteorológicas va a ser muy complejo poder extinguirlo», resume.
Esa dependencia del tiempo no significa que los equipos permanezcan inactivos. Al contrario. Los efectivos trabajan de forma continua para contener los flancos del incendio y preparar el terreno para intervenir con mayor intensidad cuando las condiciones lo permitan. Cada descenso de la temperatura, cada reducción del viento y cada aumento de la humedad se convierte en una oportunidad.
Para Eduardo Tolosana, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, este tipo de episodios son cada vez más habituales. La combinación de una primavera lluviosa, que favoreció el crecimiento de pastos y matorrales, seguida de una rápida sucesión de calor y sequía ha generado una enorme carga de combustible.
El resultado no es que aumente el número de incendios, sino que los que hay son capaces de generar tal cantidad de energía se hacen imposibles de apagar. «Hay un número creciente de incendios que se convierten en inapagables», señala. En esos casos el fuego solo pierde intensidad cuando cambia el viento o alcanza zonas con menor carga de combustible.
Ambos expertos coinciden en que estas emergencias van más allá del episodio puntual. El cambio climático alarga la temporada de incendios y el abandono del medio rural favorece la acumulación de vegetación seca. Por ello, además de reforzar los medios de extinción, reclaman una mayor inversión en prevención, gestión forestal y autoprotección ante una amenaza cada vez mayor.
