La España vaciada la repueblan treintañeros que huyen de los precios imposibles de la vivienda
Durante décadas, la imagen del "neorrural" español fue casi siempre la misma: una pareja de jubilados que, tras toda una vida en la ciudad, decidía instalarse en un pueblo en busca de tranquilidad y aire limpio. Ese retrato ha cambiado. Los datos de Fotocasa dibujan un perfil completamente distinto para las personas que repueblan la España vaciada: jóvenes en plena carrera laboral y hartos de que los alquileres imposibles les impidan sacar adelante su proyecto de vida.
Según el informe, un 13% de quienes buscan vivienda en España tiene previsto mudarse en los próximos meses a un municipio de menos de 10.000 habitantes. La radiografía de este grupo rompe con el estereotipo: se trata, en su mayoría, de personas de alrededor de 35 años -seis menos que la edad media de quienes descartan por completo este cambio de vida-, muchas de ellas solteras o en proceso de formar una nueva unidad familiar, con ingresos medios y que hoy viven principalmente en ciudades de tamaño medio.
"La imagen tradicional de la repoblación rural está cambiando. Hoy quienes quieren instalarse en un pueblo son, principalmente, personas jóvenes, en plena etapa laboral y con un proyecto de vida por construir. Este cambio de perfil demuestra que el medio rural empieza a consolidarse como una alternativa residencial para quienes buscan acceder a una vivienda y desarrollar un futuro con mayor estabilidad. Sin embargo, para que esta oportunidad se traduzca en una recuperación demográfica real será imprescindible seguir impulsando el empleo, los servicios, la conectividad y las infraestructuras que permitan atraer y fijar población de forma estable", explica María Matos, directora de Estudios y portavoz de Fotocasa.
El tramo de 25 a 34 años, el más numeroso
Por edad, el grupo mayoritario entre quienes ya preparan su mudanza al mundo rural es el que va de los 25 a los 34 años, que concentra el 38% del total. Le siguen los más jóvenes, de 18 a 24 años, que representan un 23%. En conjunto, más de seis de cada diez neorrurales tienen menos de 35 años, un dato que sitúa a esta migración interna muy lejos del imaginario del retiro dorado en el campo y mucho más cerca de una respuesta generacional a las dificultades de acceso a la vivienda en las grandes urbes.
El grueso de los que se van a mudar a un pueblo próximamente vive actualmente en ciudades que no son capital de provincia y que tienen menos de 50.000 habitantes (44%). No obstante, en las capitales de provincia también residen un 36% de los futuros neorrurales. La mayoría de quienes se disponen a dar el salto al pueblo reside actualmente en Cataluña (22%), Andalucía (19%) y Madrid (18%), una distribución que no difiere demasiado de la de quienes rechazan esta opción.
Sueldos medios, no rentas altas
La mitad de quienes van a mudarse a un pueblo tiene una renta familiar de entre 1.001 y 3.000 euros mensuales, un perfil de clase media o media-baja. En el tramo de ingresos superiores a 4.000 euros apenas hay un 9% de quienes sí van a marcharse a vivir a la España vaciada. mientras que un 16% lo descartan. En el extremo contrario ocurre lo mismo pero invertido: entre quienes ganan hasta 1.000 euros al mes, el peso de los futuros neorrurales (13%) supera al de quienes prefieren quedarse en la ciudad (8%).
Solteros, muchos aún en casa de sus padres
Tres de cada diez futuros neorrurales viven todavía con sus padres (30%), una cifra prácticamente calcada al 31% que vive en pareja con hijos. El resto se reparte entre quienes conviven en pareja sin hijos (16%), quienes viven solos (10%) y quienes comparten piso con personas que no son de su familia (8%). Casi la mitad de quienes se disponen a instalarse en un pueblo están solteros, frente al 43% que se da entre quienes no se plantean el cambio. Solo un 3% está separado o divorciado, muy por debajo del 10% que representa este grupo entre los que descartan la mudanza.
