Un simple enjuague bucal podría convertirse en el primer escudo para detectar tumores digestivos, de forma precoz y sin necesidad de someterse a pruebas invasivas. Una investigación liderada por científicos de la Universidad de Yonsei (Seúl, Corea del Sur) sugiere que los ecosistemas de bacterias que habitan en nuestra boca guardan una huella inequívoca del cáncer de estómago y de colon . Al estudiar cómo ciertos microbios bucales consiguen colonizar el intestino, el equipo surcoreano ha desarrollado un método predictivo que supera en sensibilidad a las pruebas actuales de cribado en heces. El hallazgo, publicado en la revista científica ' Cell Host & Microbe ', parte de una premisa biológica tan fascinante como lógica: muchas especies bacterianas presentes en la cavidad oral viajan a lo largo del tubo digestivo y terminan instalándose en el colon. Sin embargo, en un organismo sano, las barreras gástricas e inmunitarias limitan este tránsito. Para comprobar si el desarrollo de una neoplasia altera este flujo, los investigadores reclutaron a 507 voluntarios —entre personas sanas, pacientes con patologías metabólicas y enfermos con cáncer gástrico o colorrectal antes de recibir tratamiento— y analizaron muestras pareadas de saliva y heces mediante secuenciación genética. Para medir este fenómeno, el equipo creó el llamado índice de transmisión de la boca a las heces («mouth to feces» o MF, por sus siglas en inglés), un algoritmo que rastrea la presencia exacta de variantes genéticas bacterianas idénticas en ambas zonas del cuerpo en un mismo individuo. «Muchas especies de microbios asociados a la boca también están presentes en el intestino y pueden prosperar allí. Estas observaciones nos hicieron preguntar si las bacterias orales alcanzan y persisten en el tracto gastrointestinal de forma diferente en las personas con cáncer», explica Jihyun F. Kim, autor principal del estudio. Los resultados mostraron que este índice MF se elevaba de forma drástica en los pacientes con cáncer de estómago y colon, pero no en aquellos que padecían trastornos metabólicos como diabetes tipo 2, hipertensión o hiperlipidemia. Incluso tras aislar el efecto de factores de confusión como el consumo de alcohol, el índice de masa corporal o el ejercicio físico, la asociación entre el flujo de bacterias orales y la presencia de tumores se mantuvo firme. Lo más sorprendente para los investigadores fue comprobar que la señal diagnóstica podía captarse analizando únicamente la muestra oral . Al comparar este nuevo método con el test de sangre oculta en heces, la herramienta estándar utilizada para el cribado poblacional de cáncer colorrectal, la muestra bucal ofreció una sensibilidad superior a la hora de identificar a los enfermos. «Resulta notable que la información sobre el cáncer se pueda recuperar solo a partir de muestras orales. Aunque solo una pequeña fracción de las variantes bacterianas de la boca se detectaron también en el intestino, los modelos construidos usando únicamente estas características orales pudieron distinguir a los pacientes con cáncer de individuos sanos en varias cohortes independientes», subraya Yong Chan Lee, investigador del centro surcoreano y coautor del trabajo. Pese al entusiasmo, la comunidad científica acoge el avance con una dosis de cautela. Analizar la saliva mediante un enjuague reduciría las barreras que hoy presentan las pruebas de heces o la colonoscopia, pero la aplicación en los hospitales todavía exige cautelas metodológicas. Desde el Instituto de Oncología Vall d'Hebron (VHIO) en Barcelona, Paolo Nuciforo, jefe del grupo de Oncología Molecular, valora para el Science Media Center (SMC) la novedad del enfoque. «El trabajo es globalmente de buena calidad y el tema es clínicamente relevante, ya que poder diagnosticar un cáncer desde un análisis de muestra de saliva utilizando marcadores microbianos sería un gran avance. Lo más novedoso es que el índice se basa en la presencia de bacterias comunes entre las dos muestras más que en la abundancia general de especies», señala. Sin embargo, Nuciforo advierte de que la técnica empleada no permite clasificar con absoluta precisión las cepas para certificar al cien por cien que el microbio encontrado en el colon es exactamente el mismo que salió de la boca. «Antes de que cualquiera de estos hallazgos pueda aplicarse en la práctica clínica diaria, tendría que someterse a estudios clínicos prospectivos en poblaciones reales de cribado», admite Tae Il Kim, también coautor de la investigación. El reto más inmediato para este grupo será comprobar si este rastreo de la microbiota bucal es capaz de detectar lesiones premalignas o tumores en fases muy tempranas , cuando la supervivencia de los pacientes ronda el 90%.