Balladur, el eterno moderado de una política que ya no existe
Decía Édouard Balladur que siempre se vio capacitado para gobernar pero que “subestimó demasiado la fuerza de los intereses y la violencia de las pasiones”. Lo decía sin amargura, señalaba este martes en su obituario el diario Le Monde, porque no era de los que victimizaran. Fracasos tuvo, sí, pero prefería analizarlos con inteligencia que compadecerse de sí mismo. A sus 97 años de longevidad remarcable, una de las grandes figuras de la política francesa ha muerto dejando muchas lecciones sobre el éxito y el fracaso en la vida política.
El eterno aspirante a un Elíseo que nunca conquistó. Como dejó reflejado en 2010, quince años después de haber naufragado presentándose a las presidenciales. En política, decía, “el éxito lo justifica todo” para luego proseguir, “pero no soy de esos”. En aquella ocasión quedó tercero por detrás del socialista Lionel Jospin y el conservador Chirac, su gran rival del centroderecha quien acabó haciéndose con la presidencia. Y aunque la Historia sólo tenga espacio para el nombres de los vencedores, conviene recordar que Balladur fue durante meses el gran favorito para hacerse con el Elíseo, pero su campaña fue perdiendo fuerza. En parte por el carisma de Chirac, cualidad que él no tenía.
“No comprendí bien los acontecimientos de Mayo del 68”, reconocía en una tribuna testamentaria publicada a finales de abril de 2026 en Le Figaro, admitiendo no haber advertido que se trataba de “una crisis de civilización”. Hombre moderado, con sentido de estado y con una idea de la mesura y la sobriedad que se lleva hasta la tumba. No en vano ya dijo antes de morir que no quería ningún funeral de estado ni homenaje público. “Sencillo, discreto y estrictamente familiar” era su voluntad. En un principio, la idea del Elíseo era rendirle el mismo homenaje que a Jospin o Rocard, pero la familia ha cumplido desestimando la propuesta de la presidencia francesa. Con él se va una idea de hacer política, “el final de un mundo” sentencia Liberation en su necrológica.
Una figura longeva de la política francesa que, curiosamente, nació en Turquía en 1929, en una familia de origen armenio. Estudió en la prestigiosa Escuela Nacional de la Administración (el ENA), del que sale buena parte de la élite política del país. Su carrera se impulsó siendo uno de los principales colaboradores de Georges Pompidou y más tarde como ministro de Economía a mitad de los años 80 impulsando privatizaciones y políticas económicas liberales en la cohabitación del presidente socialista Mitterrand con Chirac de primer ministro. Esas cosas tan singulares que caracterizan a la política francesa: el gobierno iba privatizando mientras los Mitterrand cultivaban relaciones con Fidel Castro. Eran otros tiempos.
Más tarde llegó a primer ministro entre 1993 y 1995, nuevamente bajo la presidencia de Mitterrand y su gobierno emprendió una gran reforma de las pensiones y tuvo que aguantar movilizaciones sociales de alcance, especialmente de estudiantes. Un paralelismo que quizá le suene de algo a Macron. El final de aquellos días acabó con un turbio escándalo, el caso Karachi, relacionado con sospechas de financiación ilegal mediante comisiones de armamento. Balladur fue juzgado muchos años más tarde y resultó finalmente absuelto en 2021.
Más allá de esa mancha en el tramo final de su carrera política y que acabó siendo borrada cuando ya era un anciano, es su condición de hombre de estado moderado lo que han destacado en sus reacciones los políticos franceses que hoy están en primera fila, empezando por el presidente galo.
"Este fiel colaborador del presidente Pompidou, a quien acompañó durante su mandato, llevaba a Francia en el corazón. Fue un servidor exigente, mesurado y dedicado de Francia”, destacó Emmanuel Macron en X. “Fue un hombre de Estado, de espíritu reformista, y seguirá siendo una referencia para muchos hombres y mujeres de su familia política”, reaccionó por su parte el primer ministro, Sébastien Lecornu.
El líder actual de su espectro político, Bruno Retailleau, ha destacado que buscó “convencer y nunca seducir, era uno de esos políticos que tienen una alta opinión de los electores porque tienen una noble idea de Francia”. Con Balladur se esfuma una idea de la política que ha pasado a mejor vida teniendo en cuenta que los dos favoritos para disputarse la presidencia del país dentro de ocho meses son Le Pen y Mélenchon, los extremos con los que nunca se identificó.
