Diego del Alcázar (Madrid, 1984) ríe y suelta: «Suena pretencioso, pero yo lo que quería era escribir un Fausto moderno». Y después: «Goethe escribió en una época en la que había un desarrollo técnico muy interesante del que él mismo era parte. Nosotros vivimos en una sociedad con un acceso ilimitado e inmediato al conocimiento, y eso hace que el Fausto moderno cobre sentido». Sobre la mesa está su nueva novela, 'La idea de volver' (Siruela), el final de ese viaje. Fausto, aquí, es un quesero pasiego que habla como si lo hubiera parido una cueva. «No solo me parió una cueva, sino que me enseñó a ordeñar, a segar al dalle y a mudar las vacas en verano», dice. El otro narrador de la novela es Adrián Miller, que acaba de volver a Cantabria desde Nueva York, y representa el otro mundo, el nuevo. «Al escribir iba enfrentando a estos personajes, y la sociedad moderna con el mundo rural y mitológico. Y según avanzaba me fui dando cuenta de que en realidad los dos hacen el mismo recorrido: pactan con las mismas fuerzas y tienen las mismas supersticiones», asegura el escritor y empresario, CEO de IE University, que insiste en que los dos personajes están marcados por la herida. Por ejemplo: Adrián Miller recurre a la inteligencia artificial para resucitar a su hermano muerto, Pecu, en un impulso que es antiguo como el hombre y puede llevarlo a la locura, hoy gracias a la tecnología y antes por otros medios. «En sí misma la inteligencia artificial no es ni buena ni mala. Es una herramienta que nos mejora la vida si así queremos que lo haga, pero que también nos la puede estropear si la confundimos con una sombra». El paralelismo, sigue, es directo con la mitología que maneja el personaje de Fausto: «La inteligencia artificial es una anjana, una bruja buena, si la utilizamos bien. Y puede ser un ojáncano, un gigante maligno, si la utilizamos para confundirnos y hacernos daño. En cualquier caso, el punto de partida es el mismo». Y remata con Platón: «No hay una descripción más gráfica del mito de la caverna de Platón que un teléfono móvil, donde vemos 'reels' en lugar de sombras, pensando que eso es la realidad. Y la realidad poco tiene que ver con eso». El título, avisa, no debe leerse como un homenaje a la nostalgia. «Yo no soy nostálgico (...) Aquí hay una vuelta un poco homérica, un regreso: un viaje de descubrirse a uno mismo, de sanar heridas del pasado que no estaban resueltas. De volver a las raíces». La raíz, explica, nos permite «conectarnos con algo que ni nosotros entendemos, pero que de alguna forma nos da sentido. Digamos que la vuelta de la que hablo es ese retorno hacia la identidad. La vuelta, el enraizamiento, es una forma de describir algo que nos da energía, que nos da fuerza, que nos da comprensión y que nos da impulso para seguir avanzando». Más allá de la referencia directa a Goethe (todos los capítulos impares se abren con citas suyas), Del Alcázar cita como influencias a Ortega y Gasset («el hombre masa, en realidad, es el hombre de las redes sociales»), la Odisea de Homero y 'Klara y el sol', de Kazuo Ishiguro , que leyó antes de empezar a escribir y se convirtió en referencia y meta. Y también 'El sueño de la razón produce monstruos', de Goya… «Cuando vives en un mundo tan racional, tienes que acudir a la literatura para conectarte con la parte de la realidad que no tiene nada que ver con la racionalidad. No podemos explicarnos a nosotros mismos solo a través de los datos».