Marc Márquez ha llevado el nombre de Cervera por circuitos de todo el mundo. El piloto nació en esta ciudad leridana en 1993 y continúa estrechamente vinculado a una localidad que, más allá del motociclismo, conserva un casco histórico marcado por callejones medievales , antiguas murallas y tradiciones que han sobrevivido durante siglos. Uno de sus rincones más peculiares es el Carreró de les Bruixes, un estrecho pasadizo surgido junto al antiguo recinto amurallado. En los primeros tiempos de Cervera, las partes posteriores de las viviendas servían como defensa y, con el crecimiento de balcones y construcciones hacia los huertos, el espacio fue quedando progresivamente cerrado hasta adoptar su particular aspecto actual. Su nombre ha terminado además ligado a una de las grandes celebraciones de la ciudad. Allí nació en 1978 el Aquelarre de Cervera , cuando un grupo de jóvenes organizó una fiesta popular que con el tiempo se convertiría en un multitudinario encuentro de fuego, brujas, diablos, música y esoterismo celebrado cada último sábado de agosto. A pocos minutos aparece otra de las singularidades de Cervera. El campanario gótico de Santa Maria, levantado entre los siglos XIV y XV y con unos 50 metros de altura, guarda seis campanas históricas que todavía son tocadas de forma completamente manual por los Campaners de Cervera. Cada una tiene incluso su propio nombre: Seny Major, Tibau, Nova, Carranca, Trinitat y Onzena. Las dos más antiguas, Seny Major y Carranca, fueron fundidas en 1424 y han superado ya los seis siglos de historia. La primera es además una mole de varias toneladas que requiere la participación de varios campaneros para algunos de sus toques solemnes. En 2026 la propia Asociación de Campaneros ha continuado impartiendo cursos para enseñar a nuevas generaciones los códigos y técnicas del toque manual de campanas, una práctica reconocida por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial.