Había motivos para el escepticismo. Con el corsé del 'fair play' financiero apretando,
Deco afrontaba este verano un encargo que olía a misión imposible: reemplazar los goles de
Lewandowski,
Torres y
Rashford sin abrir la caja fuerte y, además, perfeccionar el juego de posesión con el mejor intérprete,
Rodri. Tres meses después, el director deportivo puede presumir de haber firmado las operaciones más inteligentes de la era reciente del club. Nadie ha hecho tanto con tan poco.
Gordon,
Gabriel Jesus y
Adeyemi no son estrellas rutilantes, sino soluciones imaginativas. El
Barça promedia más de cuatro goles por partido, cifra que habla de un ataque coral, imprevisible y voraz. El inglés ha caído de pie. Se ha adaptado en tiempo récord a la exigencia de
Flick, y su catálogo es el que cualquier entrenador sueña: velocidad para romper, desborde para desequilibrar y remate con las dos piernas.
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