«¡Vivan los novios!», gritan los invitados a la vez que disparan varios cañones de confeti. En la puerta del Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz se suceden las bodas civiles mientras, a un metro escaso, Marina Vila se afana por hacer 'top' en un bloque de pared de ladrillo. Ha venido de Bilbao junto con un grupo de amigos para participar en la primera edición del Urban Climbing Comunidad de Madrid Torrejón 2026, el mayor evento de escalada urbana de España, una modalidad que gana adeptos con rapidez por su singularidad. «Yo soy más de vía y, aunque esto es algo diferente a lo que estoy acostumbrada, me gusta. Es mi tipo de escalada, de encontrar agarres, de aguantar sin caerte... Muy chulo». Marina, que demuestra su templanza al culminar el bloque pese al estruendo del confeti, forma parte de los más de 700 participantes inscritos que desde primera hora tiñen este sábado el centro de Torrejón con el naranja de las camisetas oficiales. Entre todos llenan las calles de 'crashpads' (las colchonetas que colocan en el suelo para absorber el impacto de las caídas), pies de gato y magnesio ecológico mientras en la Plaza Mayor se reparten los grupos entre las categorías en competición: profesional, amateur, mayores de 50, juvenil e infantil. El evento está abierto a todos los niveles, pero su espectacularidad y su carácter único han atraído a un buen número de los mejores escaladores de España. Para la clasificación del sábado se han dispuesto 12 bloques para la categoría masculina y otros tantos para la femenina, todos repartidos por siete zonas en lugares emblemáticos del centro de la localidad. En la Plaza Mayor y la iglesia de San Juan Evangelista hay pasos entre columnas de piedra y paredes de ladrillo. En la calle Marquesas se escala por un edificio de viviendas hasta casi alcanzar el balcón del primer piso. La calle de Enmedio queda reservada para las farolas, y en la Plaza de España y el edificio de Telefónica vuelven los muros de ladrillo y entran en juego las columnas metálicas. «Buscamos sitios que se puedan escalar, bien sea en roca natural, en muros como el de la iglesia o incluso en monumentos, farolas o arcos», explica a ABC Fran Blanco, uno de los responsables de un recorrido que combina distintas dificultades. «Se trata de que la gente disfrute, y por eso abrimos pasos de todos los niveles. De los 12 bloques de la clasificación hay cuatro sencillos, otros cuatro medianos y otros cuatro que ya son para los que de verdad vienen a ganar o son escaladores expertos o profesionales». El honor de inaugurar la jornada le ha correspondido a Miriam Gutiérrez, excampeona de Europa de boxeo y actual concejala de Turismo y Deporte de Torrejón, a quien le puede la curiosidad por saber cómo van a resolver los participantes unos bloques que, a simple vista, parecen imposibles. A su lado, los hermanos Pou, Iker y Eneko, dos leyendas de la escalada que no han dudado en probar algunos y han presumido de haber inventado la modalidad urbana cuando eran pequeños: «Empezamos a escalar en la iglesia románica del siglo XII de nuestra ciudad, Vitoria. Hasta que un día salió el cura con la escopeta, pegó dos tiros al aire y nos tuvimos que buscar otro sitio». En la calle, atestada de gente, se multiplican las miradas curiosas ante los grupos vestidos de naranja que se suben, literalmente, por las paredes. Alguno parece no entenderlo del todo. —Tienen que subir y tocar arriba, donde pone 'top', explica el marido. —Vaya cosa, replica la mujer. —Pues nada, hazlo tú. Los encargados de empezar cada bloque parten con desventaja. La pared es un jeroglífico por descifrar. Cada pie apoyado con éxito, cada resquicio que encuentran los dedos, supone un aprendizaje para el resto de los escaladores. Así, el compañerismo impera. Los que ya han superado el bloque ayudan a los demás. Aconsejan sobre cómo colocar el hombro o elevar la pierna. En cada grupo hay espacio para que convivan participantes de todas las categorías. «Yo empecé con 14, así que echa cuentas. Mucho tiempo», cuenta a este periódico Pedro Pérez, inscrito en la categoría de mayores de 50. Como para otros muchos, es su primera experiencia en la escalada urbana. «Está bien, tienes que acostumbrarte a agarrar cosas nuevas. La técnica la tienes que usar igual. Lo único es que son recorridos más cortos e intensos y yo ya tengo las rodillas fastidiadas...». En otro de los grupos, rodeado por seis o siete chicarrones bastante más grandes, destaca una figura mucho más menuda que supera bloques con una agilidad asombrosa. Es Eduardo Fernández, criado entre las rocas de granito de San Lorenzo del Escorial, que a sus 16 años es un adelantado de su generación y ya compite en la categoría profesional absoluta. «Esto me permite hacer algo distinto. Es gracioso ver a la gente que va por la calle y se encuentra de pronto a un tío escalando el portal de su casa. También es el único día en el que te permiten escalar edificios, entonces está guay». Como a la mayoría, a él también se le ha atragantado el que muchos consideran el bloque más difícil: una farola de la que pende una bola que hay que tocar desde arriba. «Es muy rancio», se lamenta Eduardo. El inicio de la tarde es para los más pequeños. Se incorporan las categorías júnior e infantil y se hace visible el carácter familiar de este deporte. El padre y la madre dejan de competir y pasan a ser nerviosos espectadores de sus hijos, que se desenvuelven con idéntica maestría en los mismos bloques que los mayores. La fiesta continuará este domingo con las finales de cada categoría, a partir de las 10.15, y numerosas actividades para todo el público: música en directo, exhibiciones de escalada y varias carpas gastronómicas.