La comida une, consuela, reconforta y a veces viaja. Por el mundo de los vivos y, otras, también más allá. Ahí, por Michoacán, el epicentro de la gastronomía mexicana, asoma Canal Cocina con su 'Día de Muertos', un especial presentado por Verónica Zumalacárregui que se estrena el próximo 31 de octubre a las 23.00 horas para mostrar una cultura que cocina para sus espíritus. Que colorea la sobriedad de la Parca cuando conmemora a sus difuntos, que trasciende la barrera de la vida y la muerte para seguir de cerca a quienes se han ido. «Es una de las vivencias más alucinantes que he tenido a lo largo de estos diez años viajando y grabando por el mundo. Hay pueblos donde el Día de Muertos se vive de forma muy íntima, velando a sus difuntos en un ambiente espiritual, con un halo de misterio, todo en un silencio, lleno de flores naranjas. Y también lugares que lo hacen radicalmente distinto, donde celebran casi un festival. Sacan a la calle los altares con las fotos de sus difuntos, contratan una orquesta por cada uno de estos altares, y van por todo el pueblo desfilando por los altares, cantando, bailando, hasta llegar al cementerio donde, con esta orquesta sonando, prueban los platos favoritos de los difuntos sentados en su propia tumba. Ha sido alucinante vivir esto», enfatizó Zumalacárregui durante la presentación del programa del canal producido por AMC Global Media. Lejos de entenderse únicamente desde el duelo, el Día de Muertos, reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, convierte la memoria y el recuerdo en una celebración de la vida. A través de siete historias familiares, el programa muestra cómo las recetas transmitidas de generación en generación, las ofrendas, las procesiones y las velaciones nocturnas sirven para mantener vivo el vínculo entre quienes están y quienes ya no están. En el especial de Canal Cocina, la presentadora entra en los hogares y acompaña a diferentes familias durante los preparativos y celebraciones, mostrando desde la elaboración de recetas que fueron las favoritas de sus seres queridos y que regresan a la mesa como parte de las ofrendas hasta la creación de altares, procesiones y las tradicionales velaciones nocturnas en los cementerios. Así, Zumalacárregui participa en la elaboración de la churima en Zirahuén y de un mole en Tzintzuntzan; conoce en Capula a una artesana que crea una catrina en homenaje a su madre; vive una velación nocturna en la isla de Janitzio; y se acerca en Nuevo San Juan Parangaricutiro al Día de los Angelitos, dedicado a los niños fallecidos. El recorrido permite descubrir también el significado del cempasúchil y el copal dentro de una celebración en la que cocinar y compartir se convierten en una forma de recordar, honrar y mantener presentes a quienes ya no están.