Análisis de la participación política de la mujer
El tema referente a la participación política de la mujer en México es emergente, toda vez que la búsqueda por la equidad de género pretende proteger los derechos humanos, e incentivar la inclusión de las mujeres en la forma de decisiones públicas y política.
Por esta razón, como alumna del Seminario en Comunicación Política de la Facultad de Ciencias de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (UAP) en colaboración con Angélica Mendieta Ramírez, realizamos esta columna para los amables lectores que nos prestan su atención.
De esta forma, iniciamos explicando que el hombre se ha destacado por desempeñar actividades en el cual se cree más apto; las instituciones sociales reproducen, refuerzan y arrastran la funcionalidad de estos patrones de género. Las mujeres no tienen el mismo poder para construir la sociedad en la que ellas también viven. Cuando la mujer intenta participar en la vida política es acosada, maltratada e incluso asesinada.
Se pretende desarrollar estrategias que impulsen la igualdad de género en la aspiración de un cargo político, así como la validación de garantías a los derechos de las mujeres.
El artículo cuarto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos consagra ese principio de igualdad ante la ley entre el varón y la mujer. Este artículo refiere que “el varón y la mujer son iguales ante la ley”. De igual manera, el artículo 35 precisa las prerrogativas políticas de los ciudadanos, las cuales son votar en las elecciones populares y poder ser votado para todos los cargos de elección popular.
El derecho a votar ha sido, comparativamente, mucho más rápido que el de ser votada; la lucha y conquista de los derechos políticos de las mujeres se ha ganado así a cuentagotas y aún, no terminamos de ejercer plenamente, en condiciones de igualdad con los hombres, el derecho a ser votada para los cargos de elección popular.
Es un común que entre más subimos en la escala jerárquica de los puestos de la Administración Pública, menos mujeres hay y a la inversa, entre más bajamos más mujeres hay. Esto es, cuanto más alto es el cargo, más clara resulta la brecha entre géneros. Si la presencia masiva de mujeres en las esferas públicas es un indicador de la democratización de las relaciones de género en la sociedad mexicana, su desigual presencia de mujeres en cargos de elección popular y en altos puestos de la Administración Pública demuestra la persistencia de injusticias. “El hacer política no debería depender del género, sino la capacidad de gestión y contribución social”, tal y como lo establece la politóloga Luciana Panke.
Por su parte, Platón defendió la educación de las mujeres para que pudieran participar adecuadamente en las tareas del gobierno, en la agenda pública, y la esfera política.
En México se ha insistido en la incursión de la mujer, la necesidad de garantizar sus derechos civiles y políticos, la conveniencia de su incorporación al desarrollo y, más recientemente, la necesidad de transversalizar un enfoque de género en todas las políticas públicas para lograr realmente la igualdad.
La participación política de las mujeres ha de inscribirse en el marco de un gran cambio cultural, desde donde se divisan nuevos horizontes de igualdad a través del pacto y la negociación (Amorós, 1990). Donde el concepto de política no sea sexista y se reconozca a hombres y a mujeres por igual.
BEATRIZ BECERRA CASTILLO
