Las televisiones se hacían eco de las gamberradas que
Gerard Piqué y sus adláteres propusieron a los aficionados de la
Kings y la
Queens League en Málaga. La retransmisión de
Twitch donde se fraguó la iniciativa fue un espectáculo demencial que denigraba la ciudad y los seguidores de la competición. Regalaban entradas para la final de la competición a los que se dirigieran a los lugares de Málaga donde unos colaboradores esperaban con los tiquets en mano. “¡Quien se meta en la fuente tiene entrada doble!” azuzó Piqué a los seguidores. Y tres se lanzaron al agua como robots programados. Era una fuente del siglo XVIII, patrimonio cultural de la ciudad. Vanagloriados por el afán de los aficionados para conseguir gratis una entrada, los jaleaban entre burlas y menosprecios. “¡Málaga está llena de macarras!” exclamaba otro anticipándose al caos. Piqué insinuó que saltaran a un barco atracado en el puerto, que se tiraran al mar, o que se metieran en otra fuente. Admirado por la sinrazón de algunos fans gritó: “¡A ver quién se tira de un quinto piso!”. El exjugador del Barça se reía a carcajadas asombrado de lo que eran capaces los seguidores. Obligado a retirar lo del salto al vacío, indulgente apuntó: “Que pongan un colchón debajo…”. Le enorgullecía que hubiera personas dispuestas a obedecer a ciegas, a humillarse, a delinquir. Gallardeaba de pagar las multas que impusiera el Ayuntamiento. La visita a Málaga se transformó en una conquista grotesca.
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