Andreu Camps (Tortosa, 1961) era un secretario general extraordinariamente trabajador, virtud de la que no pueden presumir todos sus antecesores en la Federación. También muy leal: antes de que se rebelaran las futbolistas de la selección, ya había firmado su acta de defunción profesional cuando envió una carta a la UEFA pidiendo amparo para su jefe (a costa de un posible perjuicio a equipos españoles). La idea, cuentan fuentes conocedoras de aquel embrollo, fue suya; pero jamás se hubiese atrevido a ejecutarla sin el consentimiento de Luis Rubiales , su presidente, de cuya gestión y filosofía fue ariete principal. En el mundo del fútbol se abrieron probablemente más botellas de champán este miércoles por la noche, tras conocerse su destitución,...
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