El PSOE es así
Los procesos de corrupción económica y política han marcado el año que ha terminado, de tal manera, que se puede decir sin lugar a error que el 2025 se llevó por delante a Pedro Sánchez. Su salida de la Moncloa y de la dirección del PSOE es un mero trámite por mucho que desde el Gobierno quieran quitar minimizar con recorridos por el Palacio en redes sociales o pasando las vacaciones en Andorra como si nada hubiese ocurrido.
Ningún dirigente socialista, ya sea autonómico o nacional, duda que habrá anticipo electoral y la mayoría opina que debería coincidir con las elecciones andaluzas. De puertas hacia fuera, han comenzado a plantear tímidamente el argumento de que, dado el pírrico resultado que auguran los sondeos a Montero, una convocatoria en clave nacional podría ser un revulsivo en el voto, apostando a que Sánchez podría movilizar en mayor medida al electorado de izquierda.
Otorgar a Sánchez peso electoral, les permite defender su postura sin enfrentarse con él. Sin embargo, en privado, lo que piensan es que, después de los presumibles fracasos en Aragón y Castilla y León, si coinciden andaluzas y generales, a Sánchez no le va a quedar más remedio que dimitir y nadie quiere quedarse solo en una defensa numantina de quién está amortizado.
En pocos días se ha generado un cuestionamiento del líder socialista que no había ocurrido desde 2017, cuando tuvo que abandonar la Secretaría General. Pero el malestar no es solo de los cuadros medios que han hecho un análisis político que concluye en que tienen que decidir entre ellos mismos o Sánchez, también es de los militantes de base, a los que les cuesta cada día más defender al presidente.
Mientras que las cesiones al independentismo o los pactos con Sumar eran motivo de debate entre los más cafeteros y los casos Koldo y Ábalos generaron dudas serias entre los votantes, las denuncias de acoso y el esperpento de Leire Díez son una losa que ha llegado a todos los públicos.
Sánchez no tiene la confianza de la sociedad española ni de la cámara parlamentaria, pero también ha perdido el apoyo de los afiliados al PSOE que empiezan a entender que se ha acabado el ciclo ayudado en el análisis por sus dirigentes locales.
En el PSOE, las cosas suceden así, puede que haya parecido una roca en torno a su líder sin ninguna voz discrepante, pero cuando alguien pulsa el botón las reacciones se suceden rápidamente. En esta ocasión, el botón lo han pulsado los ciudadanos en Extremadura.
