«El hombre menguante»: una cuestión de centímetros
Así como en las mujeres, por lo general, uno de los grandes temores es la ganancia de kilogramos –para disgusto de esas narrativas posmodernas que canonizan los «cuerpos no normativos» (sic)–, para los hombres uno de los mayores miedos es la pérdida de centímetros, algo que –de momento– es inexorable conforme se cumplen años por ese aplastamiento de los discos intervertebrales, como la despoblación capilar o la desinhibición. La talla –«dar la talla»– en todas sus acepciones o dimensiones es una cuestión vital en el género masculino: de los complejos de altura nacen Napoleones.
Bien sabía esto el novelista y guionista Richard Matheson –un tipo de mediana estatura–, quien publicó en 1956 «El hombre menguante», un libro entre el terror, el humor, la ciencia-ficción y la filosofía. Al año siguiente, con guion del propio novelista, la historia se llevó al cine. «El increíble hombre menguante» fue un éxito en la gran pantalla dirigido por Jack Arnold («Una bala sin nombre») y con el actor Grant Williams en el papel del varón jibarizado.
Casi setenta años después, el terrorífico relato de Matheson, autor también de «Soy leyenda», vuelve a llevarse al cine. En esta ocasión es el realizador holandés Jan Kounen, un habitual del cine francés («13,99 euros», «Mi primo»), el que dirige y coguioniza la cinta. Cuenta con el oscarizado actor, por su papel en la estupenda «The Artist», Jean Dujardin como protagonista del largometraje.
Misma historia, otro contexto
La historia, ya decimos, en sus fundamentos es la misma: un hombre con una vida aceptable sufre un extraño fenómeno en el mar y, a partir de ahí, empieza a disminuir física y progresivamente. Dada su nueva dimensión, sus molinos serán otros, y habrá de luchar por sobrevivir en un entorno cotidiano que, de la noche a la mañana, se ha vuelto hostil.
No cambia la historia, sí cambia la lectura o la mirada que, en la sociedad presente, hacemos de la misma. Así, su director pondera más cuestiones filosóficas y simbólicas que aventureras o puramente fantasiosas. «En el momento actual, los hombres se están deconstruyendo [sic] y me pareció que un padre que mengua hasta el punto de encontrarse solo, viviendo en el sótano y en el jardín, evocaba el mundo contemporáneo», comenta el cineasta Jan Kounen. Asimismo, el responsable de la nueva adaptación de «El hombre menguante» indica que la película «busca constantemente el equilibrio entre el espectáculo puro y el intimismo más minimalista. Quería que esta producción conectara de verdad con nuestras vidas. Confío en que el público se pregunte: “Oye, ¿Qué más me cuenta esta película además de la historia de un hombre que mengua?’’».
