«Polloliebre»: no hay villanos en el monte belga
Que «animación» y «animal» compartan raíz semántica, proveniente del vocablo latino de alma, «anima», puede explicar por qué la cartelera que opta por el dibujo tiene predilección por los seres no humanos. Sin embargo, que los encantadores habitantes del bosque hablen en francés no es tan usual.
Benjamin Mousquet ha llegado para demostrar que la animación francófona existe y, además, triunfa. La segunda parte de su saga «Polloliebre», basada en varias novelas gráficas, llega a España tras un fructífero otoño galo. «El boca a boca es el que ha conseguido el éxito», confiesa el cineasta sobre la historia de un intrépido aventurero que mezcla en su ADN las dos especies animales que dan título a la obra.
Es su primera ocasión al mando único de un proyecto, pues la anterior parte fue codirigida por Ben Stassen. De esta nueva experiencia destaca el aumento de libertad y el equipo en el proyecto. Aunque no descarta una mudanza a la realidad, «que la animación no tenga restricciones físicas me anima a seguir en ella», reconoce. Ni tampoco restricciones morales, pues en la nueva entrega no hay un villano, recurso manido en el género. «Ningún personaje merece ser tratado de malvado, cómo actúe depende de su contexto», sentencia el director. ¡Voilà!
