Réquiem por los 32
Cuba ha recibido a sus mártires, que a partir de ahora estarán más vivos que nunca en la herida patria, y en los dilemas de Cuba como nación. Los 32 nos ven pasar desde sus retratos, junto a las cenizas de todo lo vivido y soñado. Esos rostros detenidos no calculan cuantos dolientes han peregrinado hasta allí para rendirles honores bajo la lluvia incesante y la ventisca.
Solo es el renacer en otra dimensión. Y habrá que citar una vez más al poeta: «Nosotros, los sobrevivientes, ¿a quiénes debemos la sobrevida?... ¿Quién recibió la bala mía, la para mí, en su corazón?... ¿Sobre qué muerto estoy yo vivo?».
Ellos volverán ante cada peligro que sobrevenga para alertarnos de que, como se proclamaba en aquellos años iniciáticos de la Revolución, «solo los cristales se rajan», y «los hombres mueren de pie», ante el agresor externo.
Resistieron hasta el final. Duros de matar que son. Les viene de sus genomas. Llevan en su ADN el coraje de un pueblo que conoce muy bien el precio de la dignidad, ese que no puede solventarse con ninguna apuesta.
Mientras se transmitía en vivo por las redes el recibimiento popular a los 32, muchos lo siguieron también por sus móviles. Y contrastaban el dolor y el respeto en la vida real, allí al pie de la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar), o en cualquier hogar, con las sucias crueldades y hasta las burlas en la plataforma virtual de odiadores que ni siquiera respetan la muerte de sus enemigos. Algunos pedían una ocupación de Cuba. Una aventura en la que no se salvarían ni sus familiares y amigos aquí, porque los misiles intrusos no distinguen nombres ni creencias políticas.
Los 32 entraron en la historia y se nos adelantaron en su resistencia contumaz, para mostrarle a cuanto obseso, cuál es la fibra heroica de este pueblo. Aquella resistencia de esos cubanos en Caracas fue solo el preámbulo, el tráiler de la gran epopeya que se encontrarán quienes osen hollar nuestro suelo.
Lo juro: al pie del Minfar, observando la larga e interminable fila de cubanos desafiando la ventisca y la lluvia para honrar a los 32, me pareció ver a Fidel Castro Ruz, desafiando peligros de afuera y de adentro.
