Cómo documentar el escenario antes de que sea «irreversible»
La investigación del accidente ferroviario de Adamuz se está desarrollando bajo un principio fundamental: documentar el escenario «antes de que se vea alterado de forma irreversible», según explican varios expertos en criminalística e investigación de accidentes. Al tratarse de un entorno dinámico, en el que las labores de rescate, el aseguramiento del área y la propia logística de emergencia modifican progresivamente la escena original del siniestro, los equipos investigadores trabajan con máxima celeridad y rigor científico.
«Un escenario como este inevitablemente va a evolucionar a medida que se vaya trabajando en él, por lo que los investigadores deben anticiparse y fijar todos los elementos clave desde el primer momento», explica uno de los expertos consultados, especialista en Policía Científica y profesor en el Grado en Criminología de la Universidad Francisco Vitoria, que pide anonimato ante la confidencialidad de la investigación.
Entre los elementos prioritarios que están documentando se encuentra la posición exacta del convoy en el lugar del accidente y su estado tras el impacto. Esto incluye cabezas motrices, vagones, bogies y cualquier estructura que se haya podido desprender durante el descarrilamiento. A ello se suma el análisis de la geometría del accidente: posibles puntos de inicio, trayectorias descritas por los vehículos, huellas de impacto y daños visibles en balastos, traviesas, carriles, catenaria u otros elementos de la infraestructura ferroviaria.
«Cada marca en el terreno, cada deformación en la vía o en el tren, aporta información sobre la dinámica del siniestro», señalan analistas a este diario.
También se está prestando especial atención a los elementos de control y señalización del tramo, como balizas, hitos o limitaciones operativas, así como a las condiciones ambientales existentes en el momento del accidente: visibilidad, iluminación, climatología adversa o cualquier otra circunstancia del entorno que pudiera haber influido.
La fijación del lugar del siniestro se realiza mediante una combinación de técnicas complementarias. El reportaje fotográfico que está registrando desde vistas panorámicas hasta detalles concretos; el vídeo que documenta recorridos continuos del escenario sin interrupciones; la planimetría aportando croquis con mediciones precisas; mientras que el escáner láser 3D y la fotogrametría permiten generar modelos tridimensionales a escala. En zonas de difícil acceso, el uso de drones resulta clave para obtener ortofotografías y vistas aéreas de gran valor pericial.
¿Y las cajas negras?
El análisis no se limita al tren. Los factores externos se estudian de forma exhaustiva. «El estado de la vía, la señalización, la climatología o incluso la orografía del entorno pueden ser determinantes a la hora de establecer la causa del accidente», apunta el especialista de la Universidad Francisco Vitoria. Se evalúa la alineación, peralte y nivelación de la vía, la integridad del carril, el estado del balasto y las traviesas, así como las órdenes emitidas por los sistemas de señalización y las condiciones meteorológicas registradas.
En cuanto al convoy, los investigadores centran su atención en los componentes eléctricos y mecánicos más críticos. Ruedas, ejes, bogies, sistemas de suspensión, tracción y frenado, así como los acoplamientos entre vagones, están siendo examinados en detalle para detectar fracturas, desgastes, fallos de funcionamiento o reacciones anómalas.
Un papel esencial lo juegan las denominadas «cajas negras» o registradoras de a bordo. De ellas se obtiene información sobre velocidad, aceleración, frenadas, comunicaciones operativas, acciones del maquinista y estado de los sistemas de seguridad. «Estos datos permiten reconstruir con precisión la cronología del siniestro y contrastarla con las evidencias físicas», apuntala.
Sobre el tiempo que se tardará en tener un informe, al menos preliminar, de lo que ha podido ocurrir en este punto trágico los expertos aseguran a este diario que «puede estar disponible en días o semanas, pero las conclusiones definitivas pueden tardar meses o incluso años. La integración de grandes volúmenes de datos y la necesidad de ensayos complejos exigen tiempo. La prioridad es la rigurosidad, no la rapidez».
Lo que sí puntualizan es que es clave para que, «mientras se rescata y evacua a las víctimas, se pueda preservar la integridad del escenario y evitar contaminaciones innecesarias o pérdida de evidencias relevantes para la investigación».
