Cuando el ruido manda
El debate público se ha convertido, demasiadas veces, en un campo de batalla. No se discuten ideas, se lanzan consignas. No se contrastan datos, se repiten sospechas. No se escucha, se responde antes de comprender. Las redes sociales han acelerado este proceso hasta extremos inquietantes, transformando espacios de conversación en tribunales improvisados donde se dictan sentencias en tiempo real.
